viernes, 17 de diciembre de 2010

¿Y si le digo que…?

Eran inicios de 1992, Iba a postular a la universidad, me matriculé en una academia para prepararme y rendir el examen de ingreso, no soy muy bueno haciendo amigos, sin embargo esa vez hice varios amigos; en realidad creo que Ricardo, quien era muy amiguero y alma de la clase, hizo que todos nos conociéramos y de esa manera rompamos el hielo. Definitivamente creo que fue así, no creo que yo, por mi propia cuenta, haya entablado amistad con toda la clase
En el salón de al lado había una muchacha lindísima, cabello castaño, casi pelirrojo, averigüé que se llamaba Abigail.
En los descansos o cambios de cursos, salíamos a los pasillos de la academia y nos reuníamos a conversar en una esquina haciendo circulo; ella hacía lo mismo con su grupo de amigos; recuerdo que Ricardo se dio cuenta que yo, de tanto en tanto, me perdía de la conversación grupal; mi pensamiento y mi mirada estaba en Abigail – Choches, ¿a quién estás viendo ah? – Me preguntó una vez – A nadie man, me distraje nada más – Ya a la cuarta vez que me preguntó le conté que me gustaba esa flaca - es chévere esa flaquita, tranquila, es promo de mi prima y casi no va a las fiestas ¿te la presento? – Me respondió – No, así nomás - Respondí casi por inercia - qué roche, va a pensar que quiero algo con ella – ¡claro que quería algo con ella! Pero yo cojonudo quería que la manera en la que nos conociéramos, sea casual, como quien no quiere la cosa. Siempre tuve ese problema; nunca me gustó que me presentaran amigas porque me bloqueaba, era como si las cosas salían forzadas, por compromiso. Lo mismo sucedía cuando quería sacar a bailar a alguna chica que me llamaba poderosamente la atención



Muchas veces, luego del primer mes de academia, solíamos juntarnos con algunos patas del otro salón, entre ellos estaba Abigail; los breaks se hacían más interesantes, pero la conversa era grupal, casi impersonal diría yo, todos conversábamos de todo. Sin embargo era suficiente para mí, me sentía en las nubes, feliz, sobre todo cuando se paraba frente a mí. Era lo máximo

Se acercaba el día del examen de admisión, por lo tanto, las clases en la academia ya estaban finalizando; yo aún no había hallado el “encuentro casual” que buscaba para conocerla, para conversar sólo con ella; con las justas conseguí el típico hola, cuando nos cruzábamos en los pasillos de la academia, o cuando nos juntábamos en grupo. Muy tarde me percaté de que tomaba el mismo carro que yo para ir a su casa; solo que yo, al salir de la academia me quedaba todavía un ratazo con los patas.

Se acercaba el último día de academia, habían organizado una fiesta de despedida, era mi última oportunidad para conocerla; Ricardo me contó que Abigail había preguntado por mí la vez que falté dos días y que también preguntó si yo iba ir a la fiesta; me alegré inmensamente; eso quería decir claramente que yo existía para ella, sentía mi corazón saltar de alegría; le pedía a Ricardo que me cuente una y otra vez…

- Oe, a ver dime exactamente las palabras que utilizó, qué dijo exactamente – mi pata obediente me contaba cada vez que le preguntaba
- ¿Le dijiste que yo sí iba a ir no? – Pregunté
- Claro pe choches
- ¿Y ella va a ir? – Preguntaba angustiado, desesperado
- Dijo que no sabía porque no tenía con quien ir
- Debías decirle que yo podía recogerla pes, si vivo cerca jajaja – Bromeé
- Claro pe choches – dijo – agradece a tu pata, le metí una milonga de ti
- Nooooooooo!, ¿En serio le dijiste que yo podía recogerla? – ¡No podía creer lo que me estaba diciendo!
- Sí, encima me dijo que tu parecías sobrado y que estaba esperando que tú la invites
- Oe ¿de verdad? O me estas vacilando – Dudé
- ¿No ves que es fin de la academia? Algunos ni nos vamos a volver a ver por eso se deschavó pues, pero ojo, no le digas que yo te he contado todo ah

¡Fue la noticia más impactante que había recibido en todo el tiempo de la academia, creo que ni cuando escuché, en la radio, que había ingresado, me alegré tanto como ese día!



Quería que fuera mañana, era el último día de academia y sería el momento de abordarla e invitarle a la fiesta; ahora me pregunto, ¿Por qué demonios tuve que esperar hasta “mañana”? ¿Por qué no la abordé ese mismo día? Hubiera tenido más tiempo para conocerla; pero bueno, como siempre digo: El “si hubiera” no existe, pero cómo jode

Era el último día, todo se desarrolló con relativa normalidad, a excepción de llantos, abrazos, tristeza mezclada con felicidad. Mis patas y yo habíamos quedado en no despedirnos en la academia sino en la fiesta que se iba a dar en la noche. Llegó la hora de la salida, salí volando, me fui al paradero, ella estaba ahí, parada con su mochila colgada del hombro, con los brazos cruzados, su cabello súper lacio le cubría parte de su rostro, ella se lo arreglaba, yo me detuve a unos 12 metros de donde ella; me puse a pensar qué iba a decir - ¿y ahora qué digo? ¿Qué digo?…

- Hola…, qué bueno, por fin terminaron las clases ¿no?
- Hola que tal, sí, qué bueno, pero ya viene el examen de admisión, me da muchos nervios
- ¡Ja! A mí también me sicosea eso del examen, ¿será tranca como dicen?
- Depende a qué te presentes, ¿tú te presentas a Arquitectura no?
- Sí, y tú a medicina si no me equivoco, ¿ves que estoy enterado? Jeje
- Jaja, sí, eso veo
- ¿Tomas el mismo carro que yo no?, entonces podemos seguir conversando
- Sí, pero seguro tú te vas rapidito a visitar a tu enamorada, porque nunca te he visto acá
- ¡Ja!, no tengo enamorada, lo que pasa que saliendo de la academia me voy con los patas a pasear un rato
- Con razón, ¿y qué harás ahora?
- Mmm, nada, ir a mi casa nomás ¿y tú?

- No sé, no tengo ganas de ir a mi casa todavía
- Entonces sentémonos a conversar un poco
- Jajaja, en todo el tiempo de la academia nunca me hablas y ahora recién nos conocemos
- Es que no me atrevía Abigail, no sé, me daba vergüenza, no sé
- Tonto, Ricardo me dijo que ibas a ir a la fiesta de despedida
- Sí, ¿vamos? Te invito, paso por tu casa y nos quitamos juntos, vivimos por la zona
- Ya pue, mira, ahí viene nuestro carro, vamos y nos bajamos en mi casa y así conoces
- Chévere



Había creado mi diálogo ficticio, esperando el momento oportuno de acercarme y cuando, por fin, tuve la palabra exacta con la que iba a abordarle, me di cuenta que Abigail ya había subido al micro, estaba por sentarse en el último asiento, vi que antes de darse la vuelta y sentarse me miró mientras el carro se alejaba…

1 comentario:

  1. jajajaja SIEMPRE CARMONGOOO!!! ayyy cuando aprenderasss! jajaja

    ResponderEliminar