sábado, 3 de septiembre de 2011

¿Mala suerte?

Cuando niño y joven aún, fui, a parte de un loser total, un tipo con mala suerte al momento de intentar conocer a alguna chica bonita que se presentaba por ahí; nunca fui bueno, ni mandado (como ya se habrán podido dar cuenta); no hallaba argumento alguno para entablar una conversación, y más aún considerando que era un negado para el baile.

Imagínense a mí, dos pies izquierdos y atados todavía, intentando bailar; no sólo dos pies izquierdos, también totalmente tieso con los brazos y hombros; y encima mudo, pucha, ¡aburridazo total!; sin chances de que alguna chica se fije en mí, ni siquiera por mi cualidad para el baile “¡qué bien que baila ese pata!”… nada, ¡ni eso!

En mis animosos intentos por conocer o llamar la atención de algunas chicas, cometí varias torpezas, o simplemente la mala suerte me acompañó como fiel compañera, cual celosa guardiana de mi soledad…

Recuerdo una vez, cuando tenía 10 años aproximadamente, durante el periodo de vacaciones, había una chiquilla de mi edad que iba al parque casi todos los días; mis amigos y yo también solíamos jugar en los columpios, en las barras y en los toboganes; fue en ese bendito tobogán que ocurrió uno de mis peores episodios vergonzosos que recuerde.

Susan era el nombre de la chiquilla, no era nuestra amiga, nunca llegó a serlo. Susan era una chica muy bonita y al parecer ella estaba consciente de eso, era sobrada, ni nos miraba, sólo jugaba con sus primos; nosotros tratábamos de que ella se fije en nosotros, sin resultado alguno; hasta que a alguien se le ocurrió hacer algo que le llamara la atención. Esa idea nos pareció buena; la idea era jugar a las guerras y sortear los “obstáculos” en el menor tiempo posible, cual soldados en una pista de combate; teníamos que saltar la barra de los columpios, correr hacia las barras paralelas y pasarlas, finalmente teníamos que subir a la cima del tobogán más alto que había en el parque y deslizarnos por el tubo de fierro que era soporte del tobogán; parecía fácil, requería destreza pero parecía fácil; así lo hicimos, comenzamos a correr uno a uno por la pista trazada imaginariamente; yo no era tan avezado, así que preferí ser penúltimo; comenzó uno, lo hizo sin problemas, siguió el segundo, se cayó en las barras sobre el lodo; nos matamos de risa; al parecer esa treta para llamar la atención de Susan estaba empezando a dar sus frutos – Mira, la Susan está viéndonos y se está riendo también – comentábamos con alegría; siguió otro, lo hizo sin mayores problemas, se deslizó limpiamente sobre el tubo del soporte del tobogán, parecía un bombero deslizándose por el tubo de emergencias. Susan se había sentado frente a nosotros viendo lo que hacíamos; al ver lo que hizo mi pata, hizo ademán de aplaudir; esa reacción y la manera tan fácil de cómo se deslizó mi pata sobre el tubo del tobogán me animó a adelantarme a mi turno; comencé a correr, pasé un obstáculo sin problemas; ganador yo, levantaba las manos, corrí con más rapidez pese a que mis zapatillas eran grandes; por suerte me había puesto doble media; pasé el segundo obstáculo, el tercero, pasé corriendo al lado de Susan todo ganador y finalmente llegué al tobogán, subí los escalones, me paré en la base de la cima del tobogán, quise mirar a Susan desde lo alto, al girar, me di cuenta que le temía a las alturas, nunca me había parado sobre ese tobogán, las veces que subía era para deslizarme sentado, pero esta vez era diferente, ¡estaba parado sin más apoyo que el borde del tobogán que estaba a la altura de mis pantorrillas! Veía a mis amigos mover las manos como animándome a bajar por el tubo, vi a Susan que estaba mirándome; me agaché temblando, me arrodillé y me metí por entre la baranda para deslizarme por el tubo, me quedé atascado, no podía volver, ni continuar; ¡estaba completamente paralizado! Mis piernas estaban colgando, yo pataleaba desesperadamente, impotente ante mi situación, estaba completamente asustado. Comencé a gritar, mis amigos se reían a carcajadas, yo no podía ni mirar hacia abajo, sólo escuchaba sus carcajadas, luego mi chompa cedió y resbalé un poco más; esta vez estaba con medio cuerpo colgando, continuaba pataleando, por tanto pataleo se me salió una zapatilla, recordé que tenia doble media y la de encima era de futbolista de mi papá, también recordé que las zapatillas con las que fui, me hacían sudar hasta mojar las medias, también recordé que las medias estaban rotas en los talones ¡y también recordé que mis medias estaban sucias, negras!


Con lo poco que podía ver con el cuello, ahora hacia abajo atascado, era que la punta de mi media colgaba como si fuese moco de pavo, y vi que estaba re negra; ¡lloré! Mezcla del terror por la situación en la que estaba y por el roche que estaba pasando con mi media asquerosa; estuve ahí colgando como unos cinco minutos que me parecieron eternos, finalmente vino un señor que subió al tobogán y otro que se paró debajo de mi; uno intentaba que yo me suelte para que el señor de abajo pueda sostenerme; yo seguía llorando a gritos; finalmente pude zafarme de esa mi trampa mortal; me senté en el suelo llorando y buscando mi zapatilla, tratando de ocultar mis medias, mis amigos continuaban carcajeándose, vi que Susan estaba parada junto con todos los curiosos que se habían puesto alrededor mío, riéndose también. Agarré mi zapatilla que me la alcanzó un amigo y me fui corriendo a mi casa; luego de ese episodio, no volví al parque durante el resto de las vacaciones y no quería ver si quiera a Susan. Mis amigos me echaron la culpa de que Susan no sea nuestra amiga.



Era 1992, el matrimonio de mi tío, había llegado una de las sobrinas de la novia desde Bolivia, era muy bonita, cabello negro y largo, unos ojazos, ese acento boliviano que me gustaba; estaba con vestido negro y los hombros descubiertos (que lindos hombros); era una de las pocas chicas bonitas que habían asistido a la boda, un amigo que era su primo, nos la presentó, nosotros éramos cuatro amigos dispuestos a conquistarla, como ella estaba en nuestro grupo no había problemas para conversar, porque la conversa era grupal, yo me encontraba cómodo, la cerveza circulaba, mis amigos y yo nos turnábamos para bailar con Rosario; nadie quería dejarla, todos apostábamos por ser galanes y graciosos; la chica, al parecer se sentía cómoda con nosotros; nadie quería dejarla a solas con alguno de nosotros, era peligroso; así que nadie se movía de su lugar; al menor descuido uno se acomodaba lo más cerca a Rosario, ir al baño era un problema, una vez conseguido el sitio al lado de Rosario, nadie quería moverse; uno mantenía ese lugar “privilegiado” hasta que no podía aguantar más las ganas de mear y obligado tenía que resignarse a dejar su puesto; pasaban las horas, nos mirábamos disimuladamente como retándonos. Cayó uno, no aguantó más otro, quedamos solo mi pata y yo, yo estaba con la vejiga hinchada, tomaba la cerveza con lágrimas en los ojos; me movía disimuladamente para distraer mis ganas imperantes de orinar, parecía que mi amigo, y ahora rival, hacia lo mismo; yo ya no podía más - “si orino unas gotitas en mi pantalón descargaré un poco mis ganas de orinar y así ganaré más tiempo y me declaro a Rosario cuando estemos a solas” – pensé con supuesta astucia; procedí a ejecutar mi idea de ganar más tiempo; no fueron precisamente unas gotitas; para suerte mía, mi pantalón era de lanilla o paño y no se notaba cuando se mojaba, también me di cuenta con agradable sorpresa, que era absorbente; luego de lidiar por el control sobre mi vejiga pude interrumpir el desfogue. Estaba sudando frio; al parecer mi amigo tenía mucho mas aguante que yo, su pantalón que era claro no tenía rastros de estar mojado - ¡maldita sea, este huevón no se quita! – Pensaba; pasó otro tiempo, mi amigo no se movía, y mi vejiga estaba a punto de colapsar; no podía aguantar más –Ta mare, descargaré otro poquito más – pensaba, procedía al desfogue, mi amigo no se movía, yo ya no aguantaba más. De pronto como movido por un resorte, mi amigo se paró rígido, nos miró con ojos suplicantes y corrió hacia el baño – ¡Por fin carajo! – exclamé para mí mismo; me quedé a solas como quería, conversamos un poco más y me dijo para bailar, estaba sonando una balada; yo no quería moverme, comenzó a dolerme la entre pierna derecha y la parte baja del vientre; asentí para bailar, me paré, puse mis manos sobre su cintura - “Elberth, eres genial” – recuerdo con claridad esa expresión, sólo recuerdo eso; no pude más, sentí que ya no podía controlar mi vejiga, las gotitas que pensaba descargar mientras dure la balada, se convirtieron en chorros de orín; mi pantalón ya estaba saturado de tanto orín y comenzó a pasar y mojar las piernas de Rosario; Rosario, que al principio no sintió nada, pegó un grito al sentir que el orín en sus piernas se enfriaba; no tuve tiempo de pedir disculpas, corrí hacia el baño dejando un rastro del liquido amarillo por mi camino hacia el baño…



A fin de llamar la atención de una amiga que me gustaba muchísimo, hacia bromas constantes con ella; al principio parecía que le gustaba que bromeara; al parecer ella también buscaba que yo la moleste; una vez, estaba sentado con unos amigos en una banca, vi que ella se acercaba con sus amigas, era linda, siempre caminaba con sus cuadernos abrazados al pecho, su cadencia al caminar era hermosa; iba a pasar de largo, a lo lejos me sacó la lengua jugando; yo la miré y me hice el desentendido, con un falso disimulo, siguiendo el juego, estiré el pié como si tuviera la intención de ponerle una tranca como venganza por haberme sacado la lengua; calculé mal; no se dio cuenta del “falso y escandaloso disimulo” o yo no retiré mi pié a tiempo; cayó como un costal sobre sus brazos cruzados agarrando sus cuadernos, vi que su hermoso rostro rebotó en el piso, vi sus pies como haciendo palanca en el suelo, ¡vi una palma de una mano acercándose a mi rostro! - ¡Imbécil que no ves lo que haces! – una de sus amigas me dijo eso mientras me daba un bofetadón. Nuestra amistad terminó de porrazo, literalmente hablando, y con ello mis posibilidades de tener algo con ella.



Un grupo de amigos y yo planeamos viajar a Mollendo; nos aprovisionamos bien de lo elemental: 12 botellas de ron, un cartón de cigarros baratos “gold coast” y unos 80 gramos de ganja. – Ehh, vamos a la playa a computar flaquitas – decíamos entusiasmados, nos instalamos en la playa, alquilamos una carpa grande para pasar la noche, mientras procedíamos a consumir nuestros suministros; al día siguiente comenzamos a buscar flacas para entablar conversación, al parecer tanto mis patas como yo éramos negados en el arte del “compute de flacas” – ¡Oe manya, ahí hay una nena buena on! – ¿Dónde? – ¡No pasa nada broder! – ¡Salud! - Era el repetitivo diálogo entre nosotros.


Al atardecer la gente se estaba retirando de la playa, solo quedaba nuestra carpa y un par de familias por ahí; en eso apareció una chica en bikini; en esa entonces, eran pocas las mujeres que se atrevían a usar bikini, la musa, como la llamamos ese día, era bonita y tenia buen cuerpo, no exuberante, era más bien delgado, pero con curvas bien definidas; llevaba puesto un bikini rosado, supongo que se animó a lucir su bikini tarde porque aún había cierto pudor en usar bikinis. Tendría unos 3 años menos que nosotros, estaba acompañada de dos primas, supusimos que eran sus primas – ¡Oe manya loco! - ¡Mierdaaaaa! - ¡La cagaditaaaa! - ¡Puta mare, hay que computarla on! – Fueron las exclamaciones más recurrentes en ese momento. La “musa” paseaba su cuerpito de un lugar a otro, frente a nosotros; entraba y salía del mar, uno de nosotros, el pata más arriesgado, agarró una cámara y se acercó disimuladamente por detrás de ella y le tomó fotos, no de su rostro, sino del cuerpo; lástima que no podíamos ver las fotos inmediatamente porque no habían cámaras digitales (aún conservo esas fotos); nosotros nos dedicamos a observarla mientras hacíamos rotar la botella de ron, mudos, algunos lanzando ideas de cómo acercarnos a ella; alguien botó la pelota cerca de donde ellas se sentaban, nos reímos de la “ocurrencia” de nuestro pata; retamos a uno de nosotros a que vaya a recogerla – ¡jajaja! Hazte machito pe – le decíamos – a ver anda a recoger la pelota, ¡jajaja! – retábamos - ¡Voy pe! – decía uno; se animó a ir, fue corriendo, la chica se paró y le pasó la pelota con un saque de vóley; mi pata regresó triunfante – ¡esta pelota es mía, ella lo ha tocado con sus manos! – Decía en tono triunfante - ¡Trae la pelota! ¡No, dámela a mí! – participábamos en el juego como luchando por un trofeo inalcanzable que era la pelota tocada por la “musa”.

Todos, mientras conversábamos, éramos un ganadores, ninguno nos atrevimos a demostrar lo que con tanto esmero pregonábamos; seguíamos mirando a la flaquita; en eso vimos que la "musa" se estaba acercando a donde estábamos nosotros, vimos su silueta bien dibujada producida por la contraluz del sol en el horizonte; no había duda, se estaba acercando, llegó a donde estábamos, ¡silencio total! – Hola chicos, ¿me prestan su pelota? - ¡Silencio total!, mi pata, que aún estaba abrazado de la pelota, la miró como hipnotizado, estiró las dos manos y le entregó la pelota – Gracias chicos – todos seguíamos mudos; sólo atinamos a seguir pasando el trago; la “musa” y sus primas comenzaron a jugar vóley, continuamos en silencio. Sólo una exclamación nos sacó de nuestro estupor - ¡Qué cabros que somos carajo! - ¡jajaja! - ¡Puta mare! – nadie se atrevió a decir algo, no parábamos de reírnos de nuestra cabronada; comenzamos a fregarnos entre nosotros – Oe, ¿no que eras un galán? – ¡fuiiira de acá! – ¡es que yo pensé que ustedes iban a meterle letra pe! – ¡A mí no me gusta el vóley! - Eran nuestras excusas; pasó un rato, finalmente vino una de las primas a devolvernos la pelota – Gracias – recogieron sus cosas y se fueron, nosotros seguíamos mirando cómo se alejaban aún buscando culpables del por qué no nos habíamos puesto a jugar con ella.

Como para no quejarnos, en la noche continuábamos tomando y fumando; el mar estaba movido, no nos atrevíamos a entrar, en eso escuchamos música, a más volumen que nuestro equipito; a unos 100 metros vimos que había estacionado una camioneta con unas 6 chicas, se reían y bailaban solas, luego se metieron al agua – ¡Están calatas! - Alguien dijo - ¡Nooooo, vamos a ver! - la noche no nos dejaba ver con claridad, algo ayudaba las luces del auto, aparentemente parecían que estabas desnudas -¡Puta mare, sí huevón, Están calatas!, ¡Vamos! - uno comenzó a quitarse la ropa, otro le siguió, finalmente todos estábamos calatos acercándonos por la orilla del mar hacia el grupo de chicas y gritando; El grupo de flacas se dio cuenta de que las estábamos viendo y que estábamos casi corriendo hacia ellas, se callaron, corrieron hacia su carro y se fueron... nosotros estábamos tan embriagados con el trago, la ganja y la idea de verlas y jugar con ellas desnudos que no nos importó que se fueran, nos pusimos a saltar y bañarnos y tomarnos fotos como locos completamente calatos; al día siguiente uno de nosotros dijo - En esas fotos salimos calatos ¿no?, ojalá que se velen casi rgó - para qué – dijo uno – si todos hemos tapado nuestros huasamayos, ¿tú no? Jajaja qué huevón!



¡Aló, Elberth! - Recibí una llamada – Hay una fiesta hoy en la casa de la amiga de Julián – me avisaron por teléfono - ya pe, somos, a qué hora…

En la fiesta habían muchas chicas lindas, la anfitriona, la dueña de la casa era la mejor, no paraba de bailar, yo quería invitarla a bailar; pero mi timidez y mi poca o casi nula cualidad para el baile me impedían; casi al finalizar la fiesta pude animarme a sacarle a bailar; accedió, mientras bailaba pensaba – Ahora qué le digo, qué le digo - no se me ocurría nada; había visto al principio un par de guitarras eléctricas y una batería debajo de las escaleras que daban hacia el segundo piso - ¡Eso! – Pensé – Le preguntaré sobre esos instrumentos

- Esteee… ¿y tú tocas algún instrumento? Vi que tienes unos instrumentos ahí debajo
- Ah, esos, no, yo no –
respondió – Mi papá a veces alquila esos instrumentos, eran de mi tío
- Oye que bien, lo que pasa que yo toco en una banda de rock y siempre nos falta la batería para ensayar
- Sí pues, eso me dicen todos, es carito ¿no?
- Es carazo, bueno, si un día necesitamos, te paso la voz pues
- Ah, normal ah, me avisas para decirle a mi papá

Terminó la canción “la quiero a morir” de DLG y en realidad yo deseaba a morir a esa mujercita, pero sólo pude conversar sobre su batería, no dejaba de mirar su cuerpo, su jean apretado, su rostro; era realmente muy bonita

Terminó la fiesta, mis amigos y yo fuimos los últimos en dejar la casa, nos despedimos y nos fuimos a continuar tomando a otro sitio

Al día siguiente recibí otra llamada

- Aló Elberth, te acuerdas de la chica de la fiesta de anoche, la amiga de Julián
- Sí, ¿qué pasó?, ¿preguntó por mí? –
pregunté entusiasmado
- Sí, preguntó por ti
- ¿En serio? –
Estaba feliz de recibir esa noticia - qué dice on
- Dice que le devuelvas la batería que te robaste
- ¿Quéeee?
- ¡Jajaja! Sí on, dice que tu le robaste la batería y que te va a denunciar a la policía
- ¿Estás jodiéndome no?
– Pregunté algo nervioso
- No Elberth, la flaca llamó llorando a Julián y preguntó por ti, que dice que tú estabas interesado en la batería
- Puta mare; sí pues, yo le pregunté sobre su batería
- ¿Ves huevón?, pero no te preocupes, Julián le dijo que, saliendo de su casa nos fuimos a continuarla hasta las 5 de la mañana
- ¿Osea que no me va a denunciar? –
Pregunté aliviado

Durante casi dos meses fui la comidilla de mis patas – oe Elberth, devuelve la batería pe huevón - solían decirme en cada reunión



Como ven, mi suerte y mi timidez siempre se pelaban por quién se interponía primero, entre yo y mis ganas de conocer chicas

viernes, 3 de junio de 2011

Dos pájaros y ni un solo tiro

El último fin de semana, tomando unas cervezas con unos amigos del trabajo, salió a conversación el tema (el chisme en realidad) de que un compañero de trabajo tenía problemas de disfunción eréctil

- Oes, el otro día la Sara me contó que Arias no funciona on, ¡Jajaja! - soltó el chisme pancho
- ¡Jajaja! No jodas, ¿Cómo así? Cuenta pe - fue la inmediata inquisidora reacción grupal
- Dice que estaban en plenos arrumacos y cuando el huevón de Arias se le subió encima a la Sara, se le murió al toque y la Sara asada lo mandó a la mierda; ¡Jajaja!
- ¡Jajaja!, puta qué huevón y eso que la Sara está como para darle a forro huón – comentó uno
- Sí, pero qué maricón ese Arias, cómo va a morírsele el payaso justo en plena acción ¡Jajaja! – Comentó otro
- Aguanten, a veces pasa eso; científicamente dicen que es por stress o seguro estaba huasca pe – comentó un tercer amigo
- ¡Fuiira maricón! Seguro a ti también te ha pasado por cabro ¡Jajaja! – fue la inmediata y fulminante respuesta de los demás en la mesa

Antes de escuchar esa lapidaria e insultante respuesta de mis demás amigos, yo iba a acotar y apoyar en algo a la versión, digamos, mesurada de mi pata; pero tuve que quedarme callado, para yo tampoco ser motivo de burlas, y sólo atiné a reír uniéndome a las burlas de mis demás amigos de las que era blanco el “científico” que así lo llamamos desde ese día…

Yo iba a agregar al comentario de mi pata “científico” que, según estudios, esos problemitas eran, uno más, de ciertos casos de disfunción eréctil, digamos, leve; donde también se presenta la eyaculación precoz y que muchas veces se debía a la condición física o mental por la que se está pasando ese momento.

¿Cómo lo sé? bueno, a mí me pasó sólo una vez, mmm… para ser honestos, me pasó dos veces… Aunque creo que fueron tres las veces que se me presentó ese problemita... ¡Ok!, ¡Ok! Fueron cuatro veces las que me pasó… hecho que me preocupó bastante y me puse a leer y averiguar al respecto; incluso consulté a un psicólogo amigo mío; quien luego de media hora de carcajadas y bromas sobre mi “payaso flojo” me explicó varias razones de las cuales saqué mis propias conclusiones.…



Era un martes de carnaval del año 2 000; en el pueblo donde crecí se festejan los carnavales durante una semana completa; los martes son los días donde se toma más, se visita, en grupo, cada casa de los “socios”, como así nos llamamos, desde las 6 de la mañana aproximadamente, y dependiendo cuánto dures, o qué tanto tomes, o cuántas veces descanses; tu día puede terminar a las siete, ocho, nueve o a las 10 de la noche.

A partir de las 6 de la tarde, luego de recorrer varias casas durante todo el día, la mayoría de amigos que viajamos de diferentes lugares a pasar carnavales esa semana, terminamos en una casa para rematar el día con una fiesta. Fue esa noche; serían aproximadamente las siete y media de la noche cuando saqué a bailar a una amiga que días antes la venía flirteando; no sé exactamente qué le dije o qué me dijo, sólo me di cuenta que estábamos entrando a mi casa, que estaba a dos casas de donde era la fiesta; subimos a mi cuarto y comenzamos a besarnos; yo estaba un poquito borracho (en todo caso aún consciente) comencé a quitarle la ropa, ella hacía lo suyo, no parábamos de besarnos; finalmente la empujé salvajemente a la cama; estaba muy contento - ¿muy contento? ¡Estaba re feliz! - de estar ese momento con ella; me gustaba, pero en 4 años de conocernos nunca se dio la oportunidad de salir juntos.

Finalmente ese día había llegado, y la tenía en mi cama, ahí, desnuda; acariciándome – ¡Por fin carajo tengo a este lomito como quería! – Pensaba muy contento de mi logro – mis patas, cuando se enteren, me van a envidiar – continuaba pensando en mi borrachera; procedí a subirme encima de ella muy lentamente y con elegancia, bueno, si a algo se puede llamar “elegancia” cuando uno está borracho. Estaba encima de ella besándola y cuando estuve a punto de “meter el gol”, se me murió el payaso (como dirían mis grandes amigos comprensibles) ¡No podía creerlo! ¡La tenía ahí, completamente desnuda y no podía hacer nada!, inmediatamente procedí al uso de las manos, esperanzado en que reavive el payaso del demonio antes de que Lili se dé cuenta; demasiado tarde, se dio cuenta

- Elberth ¿Qué pasó? – me preguntó aún agitada
- No sé qué me pasa, nunca me había pasado esto; ¡trata de revivirlo tú! – le pedí
- Espera un rato – dijo mientras buscaba una posición más cómoda, y muy obediente, procedió a realizar algunos movimientos para revivir a mi “payaso del demonio” – Nada Elberth, no pasa nada – me dijo angustiada
- Sigue así, ya casi – insistí; sin embargo estaba consciente de que no iba a resultar; se me habían ido completamente las ganas, la vergüenza se había apoderado de mí
- Ay Elberth, estas demasiado borracho, mejor cuando estés sano

En seguida se paró, me tiró el pantalón a la cara; me senté, le pasé su blusa y nos fuimos de nuevo a la fiesta; por el breve tiempo que nos habíamos ausentado, nadie se había percatado de nuestra ausencia.



Era el mismo martes de carnaval del mismo año 2 000, la misma fiesta, la misma noche, solo unos 45 minutos después; había terminado de bailar con Lili, que seguía preguntándome qué había pasado; yo solamente podía decirle que no sabía por qué me había pasado eso, “seguro porque estas borracho” me decía; yo pensaba también lo mismo. Quedamos que en otra ocasión, cuando se presente la oportunidad de encontrarnos, lo intentaríamos nuevamente.

Como decía, terminé de bailar con Lili; estaba dirigiéndome donde se encontraban mis patas y me topé con Nita; Nita era una de las más jóvenes de la fiesta; para variar, también flirteaba con ella desde hace un buen tiempo atrás, sin resultado alguno porque nos veíamos poco, solamente en carnavales. “¿Bailamos?” Nita aceptó; tampoco recuerdo cómo, pero al cabo de unos minutos estábamos entrando a mi cuarto; yo estaba, digamos, un poquito más borracho que hace 45 minutos: comencé a quitarle la ropa; ella al principio se negaba; recuerdo que me dijo que nunca lo había hecho, “No…, Elberth, tengo miedo…, nunca lo he hecho…”“No te preocupes Nita linda…, sólo vamos a acariciarnos calatitos…” - le dije, “¿osea seré su primera vez? ¡Bien carajo!” – Pensaba ganador – “cuando les cuente esto a mis patas, me van a envidiar” – volví a pensar muy ganador dentro de mi borrachera. Procedí a subirme encima de ella muy lentamente y con elegancia; bueno, bueno, ya no había elegancia, solo movimientos torpes de ambos; yo por mi borrachera y ella debido a su poco conocimiento de la situación. Estaba encima de ella besándola, “Despacio…, me da miedo…” continuaba jadeante Nita, “No te preocupes Nita…, sólo te voy a acariciar…, yo respeto tu decisión…” recuerdo haberle dicho al tiempo de proceder a “meter el gol”…

¡Maldita sea!; como si el destino se hubiera ensañado conmigo ese día, me acordé del roche pasado minutos antes con Lili y como por arte de magia se me volvió a morir el payaso. ¡No me jodas pe! - Pensé - La tengo acá, completamente desnuda, la flaca ya atracó ¿y no puedo hacer nada? ¡Ta mare! - inmediatamente volví a proceder al uso de las manos para ganar más tiempo, esperanzado en que reavive mi payaso del recontra demonio…

Nita estaba completamente excitada y yo no lograba “ponerme fuerte”, seguí insistiendo, aprovechando la total inexperiencia de Nita…

Como para restregarme más el ensañe del destino contra mí, oí a Nita casi gritando “¡Sí… Elberth…, será mi primera vez contigo…, ya no tengo miedo…!”, yo estaba en franco proceso de decaimiento, sin fuerzas ni siquiera en mis manos, sólo atiné a decirle – “No Nita…, No…, te dije que yo respeto tu decisión… y ahora lo estás diciendo por la calentura…” – continué – “…yo respeto tu decisión y te respeto a ti…, sólo te dije que te iba a acariciar y así será Nita linda…” – Nita estaba muda, y yo continuaba – “además estamos borrachos y sería faltarte el respeto” – finalicé. ¡Qué carajos estaba diciendo! – Pensaba - ¡Elberth, eres un huevón!, me decía a mi mismo – “Ay Elberth qué lindo…, sí, tienes razón…, hubiéramos hecho una locura…, gracias por ser así” – me dijo – “no digas eso…, tu mereces respeto Nita linda…y tienes todavía mucho tiempo para que llegue alguien especial y que te merezca; vistámonos y regresemos a la fiesta que tu hermano seguro te está buscando”

Regresamos a la fiesta, ella estaba media avergonzada y creo que definitivamente descomputada, yo lo estaba peor, pero conmigo mismo; la inexperiencia de Nita había jugado a mi favor, ahora yo era la persona más linda y respetuosa del mundo…



Yo creo que esas dos veces fueron producto de la exagerada ingesta de alcohol y de las inmensas ganas de tener a esas flacas las que ocasionaron mi “respeto” hacia ellas; quise matar dos pájaros de un tiro, pero no me salió ni un maldito disparo; sin embargo, después de unos 6 años volví a encontrarme con Lili; acá en Lima; salimos un par de veces con varios amigos y fue en la última salida de despedida porque ya se tenía que regresar, que tomamos en casa de unos amigos en común; estábamos tomando en el cuarto de nuestro amigo que previamente nos había dicho que si queríamos descansar, habían dos cuartos disponibles para descansar, y después podíamos continuar con la tomadera; los demás aceptaron la invitación y sólo quedamos en el cuarto Lili, Miguel y yo; Lili y yo intercambiábamos miradas cómplices, buscando cualquier pretexto para salir al pasillo y hacer de las nuestras; Miguel no nos dejaba ni un minuto a solas; al no tener ninguna oportunidad, sólo quedaba esperar que Miguel se quedara dormido, procedí entonces a retarle a hacer submarinos con el cigarrillo y el vaso de ron; sabía que eso lo tumbaba al toque; Miguel no objetó nada, creo que por no quedar mal ante Lili, hizo el submarino, y al cabo de 5 minutos cayó de espaldas a su cama totalmente dormido; como impulsados por un resorte accionado por la caída de Miguel en la cama, nos paramos Lili y yo, y nos enfrascamos en un beso lleno de lujuria, la empujé; esta vez suavemente a la cama, porque al lado estaba Miguel roncando y no queríamos despertarlo; comencé a bajarle el pantalón y ella a desabrochar mi correa, y… una vez más, el destino se ensañó conmigo haciéndole entrar en razón pudorosa a Lili, “No elberth…, está miguel acá y qué tal si despierta…” – “No se va a despertar Lili…, en serio” – “No elberth…, mejor no…” – sin embargo seguía permitiendo que le baje el pantalón, y cuando por fin estuve encima y Miguel estaba que rebotaba en la cama al mismo movimiento que nosotros, noté que el payaso de los mil demonios volvió a fallar; ¡Mierda, nooooooo!, pensé, y una vez más recorrí a mi astucia; antes de que Lili se dé cuenta, me paré y le dije en tono ofendido - “Tienes razón, Miguel puede despertar…; conste que tú no quieres ah!” – “Ay Elberth… me da roche pues…” – fue la respuesta de Lili…

Respiré aliviado porque no se dio cuenta; noté que Lili estaba cambiando de opinión, se estaba poniendo más cariñosa; pero yo sabía que no iba a “reaccionar”; nuevamente se me habían ido las ganas como la primera vez; antes de que Lili prosiga con sus caricias, aproveché un descuido de ella y fui a despertar a Humberto, que estaba en el otro cuarto, para continuar tomando, Lili se fue a dormir molesta…



Aún hoy, cuando me encuentro con Lili por el messenger, me pregunta, que qué me había pasado la primera vez y yo sigo diciéndole que no sé y le volteo la intención recordándole que la segunda vez, ella tuvo la culpa y que la próxima que nos encontremos será distinto…

lunes, 14 de marzo de 2011

¿Qué cosas no?

Oye Elberth, va a venir mi amiga, ¡no vayas a hacer de las tuyas ah! – Recuerdo que me advirtió mi prima, avisándome que iba a llegar una amiga suya, para ir juntos, a visitar a la virgen de Copacabana, en Bolivia – Ni que fuera un mandado – le respondí.

Llegó la amiga, fuimos a Copacabana, congeniamos muy bien; conversamos bastante mientras subíamos al cerro “el calvario” donde se encontraba la virgen de Copacabana, en esa época estaba un poco desilusionado digamos (por no decir deprimido) por una ex enamorada; gran parte de la conversa era sobre esa mi situación, ella me escuchaba, me contaba de sus situaciones parecidas y me aconsejaba. Como la subida era muy empinada, me sujetó de la mano y subíamos agarrados de la mano; cada vez que nos deteníamos para descansar, ella me llevaba la mano a su pecho para que sienta como su corazón latía del cansancio, yo me ponía algo nervioso al sentir la redondez de la zona donde albergaba su corazón; llegamos finalmente a la cima; mi prima y algunos amigos ya habían llegado unos 20 minutos antes que nosotros.

Luego de ese episodio, llegamos a entablar una bonita amistad, nos comunicábamos constantemente por el Messenger, flirteando virtualmente, ella estaba en Arequipa, yo en Lima; una vez, recordando cómo nos conocimos, me dijo que ese día cuando nos conocimos en Copacabana ella esperaba que yo le diera un beso, que había hecho de todo para que sucediera eso y yo “más quedado” (literalmente dijo eso) no hice nada; con la complicidad y “seguridad” que me brindaba el Messenger, le dije todo canchero que la próxima que nos viéramos le iba a dar un beso del que no se iba a olvidar, a partir de ese momento, todas las conversas por el Messenger fueron más directas, los flirteos timidones se habían convertido en insinuaciones directas, casi sexuales; seguimos con ese jueguito durante unos meses; finalmente se dio la oportunidad de volvernos a ver, ella llegó por unos días a Lima; quedamos para salir un fin de semana; ninguno de los dos nos animamos a cumplir nuestras promesas de Messenger, bromeábamos al respecto durante la noche, al salir de la discoteca le dije para ir a otro lugar, dudó, me dijo que no, que era muy pronto - ¿muy pronto para qué? – pensaba yo, no insistí, hice parar un taxi y le dije molesto – Entonces sube, te acompaño a tu casa – me miró confundida, no dijo nada, subió al taxi, quiso hablarme en tono cariñoso, le cambié de tema, llegamos a su casa – ya llegamos, cuídate, chau – me despedí – me seguía mirando confundida – chau – dijo con voz apagada; bajó del taxi, no la miré directamente, esperé a que entrara a su casa y me fui. En el taxi pensaba – ¡Ja! a mí con que es muy pronto, seguro por el Messenger me dirá que la traté mal, ¡que se joda! – en realidad estaba molesto conmigo mismo porque no me nació insistir.

A casi diez días de habernos encontrado apareció en el Messenger

- Hola Elberth a los tiempos amiguito
- Hola Sami, sí pues, te perdiste desde ese día
- No me hagas acordar, me trataste bien feo
- Tú pues, puro floro eres, al final te echaste para atrás
- Yoooo? Tú que como siempre eres un quedado
- Que yo???? no me dijiste que era muy pronto??? así no es ah!
- Claro pues y tu quedadazo no insististe
- Plop!, querías que insistiera?, se te notaba recontra incómoda cuando te decía pa ir a ver pelis jeje
- Yo quería que insistieras
- Bueno, queda pendiente para la próxima entonces
- Ok, conste que me debes el beso ah
- Sólo será un beso?
- Jaja lo demás se verá en el momento, no crees?
- Jajaja ok

Fue un feriado largo cuando viajé a Arequipa; eran las 5 de la tarde, tenía planeado salir a tomar unos tragos con mis amigos que no veía hacía tiempo; sonó le celular, era de un número desconocido, normalmente no contesto llamadas de números que no conozco, algo me dijo que contestara

- ¿Álo?
- Hola ingrato, cómo estás, adivina quién soy
- ¡Hey, hey! Hola qué tal, vaya milagro –
respondí, tratando de ganar tiempo para descubrir quién era – si te digo quien eres ya no será sorpresa así que sorpréndeme a ver
- Jajaja, ¿cuándo llegas?, o no piensas cumplir tu palabra
- Jajaja –
la reconocí - para que veas que cumplo mi palabra, hoy mismo nos encontramos, qué te parece - propuse
- ¿Estás acá en Arequipa? – preguntó sorprendida Sami
- Sí Sami, qué te parece si nos encontramos hoy en la noche y cumplimos nuestra promesa - propuse en tono galán
- Ya pues, nos encontramos en la plaza a la 6
- Oki Sami, a las 6 entonces

Me alisté y fui a la plaza de armas de Arequipa, me senté en las graderías del atrio de la catedral; sonó mi celular, era Sami – Hola sobrado estoy al frente, ven pues – La vi, estaba acompañada de una amiga – Ta mare, vino acompañada, presiento que otra vez se va a echar para atrás – pensé.
Me acerqué un poco desganado, la saludé, me presentó a su amiga, se llamaba Rosemary, era una chica de ojos rasgados casi japoneses, 22 años creo, nos fuimos a tomar un café, la pasamos conversando; en realidad conversé más con su amiga que con Sami; Rosemary era una chica con la que se podía conversar, muy linda, tenía un “algo” que hacía que me interesara más en ella; bueno, debo admitir también que tenía el prototipo de uno de mis sueños eróticos, para variar, hasta ahora incumplidos

La conversa fue amena; sin embargo noté cierta incomodidad en Sami, y pienso que era con razón; yo también me hubiera sentido incómodo si salgo con alguna chica y esa chica se pone a conversar más con mi amigo dejándome a un lado a mí.

Pasaron las horas, llegó el momento de irnos, ambas chicas eran vecinas, las acompañé; al momento de bajar del taxi Sami se me acercó disimuladamente y me dijo muy despacio - ¿hoy cumplirás tu palabra no? – yo sólo sonreí; ¡Ni loco le iba a dar un beso delante de su amiga!
Caminamos hacia la casa de Rosemary y nos despedimos; me quedé solo con Sami, pensé que Sami también se despediría de mí; me equivoqué – ¿Vamos a conversar un rato? - Me pidió – púchica, parece que sí habrá chapetex – pensé

Nos fuimos caminando hacia el parque más cercano que estaba en plena avenida a una cuadra de su casa, para mi mala suerte ese parque estaba bien iluminado; ni los árboles más frondosos ofrecían la complicidad que uno esperaba de un parque en horas de la noche para poder sucumbir en ciertas tentaciones que yo pretendía hacer. Nos paramos en una esquina, conversamos un rato, ninguno de los dos estaba realmente atento a lo que conversábamos, sólo era una especia de acto reflejo previo a lo que se venía con inminencia; sólo que yo no hallaba la manera de entrar al tema del beso y seguramente Sami esperaba que yo tomara la iniciativa; se notaba nerviosismo en ella y definitivamente yo también lo estaba, pero no conté que mi nerviosismo se manifestara en un peristaltismo agudo de mis intestinos y comencé una de las mayores agonías que uno pueda tener cuando le viene un ataque súbito de peristaltismo, también denominada churreta, bicicleta, entre otros nombres que se dan para no decir directamente “tengo diarrea”

- Elberth, ¿ahora sí me da darás el beso no? – finalmente preguntó Sami
- Esteee… claro, pero todo con calma, a ver cierra los ojitos

La besé, Sami casi me comió, me sorprendí de lo desesperado de sus besos, ¡me sorprendió también el sonido que emitió mi estómago! – ¡Ta mare! ¡Qué roche!, espero que no lo haya escuchado – pensé – estomaguito aguanta un poco pe, no me vayas a joder – imploré a mi estómago, el ruido se había tornado en una constante

- ¡Elberth, bésame más, así, sigue! – clamaba estremecida Sami
- ¡Estomaguito aguanta por favor! – clamaba estremecido yo

Sami comenzó a mover su mano derecha por mi pecho, bajaba lentamente – no toques mi estómago por favor – rogaba en mi mente; agradecí que no lo hiciera, se salteó mi estómago, bajó directamente a mi bolsillo delantero izquierdo, metió la mano dentro del bolsillo – ¿Qué estará buscando? – pregunté inocentemente mientras sentía que su mano se movía insistente dentro de mi bolsillo.

Los roces de esa extraña búsqueda con mi chopin, nepe o como quiera llamársele, hicieron que, por un momento, mis ganas de ir corriendo al baño se tornaran en placer provocando el crecimiento y la rigidez del susodicho – ¡Que dura! – exclamó con malicia Sami al tocarme por dentro del bolsillo, yo no me quedé a tras – si ella está tocándome yo también haré lo mismo pues – pensé y comencé a quitar los botones de su blusa y meter mi mano por entre la blusa explorando maniáticamente ambas redondeces

- No respondo Sami si sigues así ah – advertí mirando alrededor del parque para cerciorarme que no haya nadie y también para divisar algún hotel cercano
- Pero solo estoy acariciándote – dijo riéndose con más malicia aún
- ¿Vamos a un hotel? – solté la pregunta al aire al tiempo que mi mano izquierda comenzaba a bajar mientras la derecha continuaba acariciando las dos redondeces de Sami
- ¿En serio quieres ir a un hotel?, ¿quieres? ¡Pídemelo! – exclamaba Sami con una voz bastante a tono con la circunstancia
- ¡Te lo pido, te lo ruego, te lo imploro! – respondí con una voz bastante a tono también mientras la seguía besando; pero esa súplica no era exactamente para ella ¡era para mi estómago que había culminado su tregua y reclamaba con mayor furia el tiempo que me había dado!
- ¿En serio quieres? ¡Yo también! ¿Quieres eso? ¿Ah? ¡Dímelo! – continuó con su tono provocador
- ¡Te estoy diciendo que sí! – dije casi gritando, angustiado, pensando más en el baño del hotel - ¡pero no veo ni uno cerca! ¿conoces alguno? – pregunté secamente rompiendo el cristal del deseo en el que estábamos inmersos
- ¡Elberth, qué tienes!, trátame bonito por favor – reclamó Sami y en el acto dejó de tocarme y besarme, mientras se abrochaba la blusa – ya me voy – finalizó molestísima mientras se dirigía hacia su casa

No tuve tiempo de pensar la razón de su súbita molestia, ni ganas de insistir y reconstruir nuestra cabina de cristal de deseo

- Discúlpame Sami – dije mientras la alcanzaba casi a paso ligero, Sami no dijo nada - Por favor camina más rápido - continué implorando mentalmente

Fue la caminata de una cuadra más larga que tuve, mi estómago ya no daba para más, los ruidos producto de los peristaltismos se hacían cada vez más fuertes, imaginaba que los desechos del peristaltismo gritaban con carteles en mano ¡Queremos salir! ¡Queremos salir!
Sami llegó a su casa, me dio un beso en la mejilla y me dijo “Chau”¡Gracias! – pensé aliviado mientras la veía cerrando su puerta; apenas entró me fui corriendo al parque y me ubiqué detrás de un árbol porque ya no había tiempo de llegar a mi casa.

lunes, 14 de febrero de 2011

Un 14 de Febrero más

14 de Febrero, normalmente se espera con mucho ánimo y ganas de hacer cosas que en otros días del año no se te ocurriría hacer por esa persona a la que quieres; si estás en plan de llegar al corazón de esa persona a la que estás pretendiendo, planeas con anticipación lo que te gustaría hacer ese día para que la pasen espectacular; corrección, si estas enamorado de alguien y ese alguien no sabe o se hace la que no sabe, planeas con anticipación lo que te gustaría hacer ese día para que tú la pases espectacular, pensando que esa persona también la está pasando muy bien; compras un regalo, el que te parece más bacán; te imaginas que esa persona al recibir el regalo va a exclamar con mucha sorpresa y alegría la frase que esperas: “¡Qué liiiindoooo!” (Así con varias íes y os que refuercen la exclamación) y tú creas que ya tienes un punto más a tu favor

14 de Febrero es un día esperado y disfrutado por los enamorados, ojo, me refiero a los que ya son enamorados; eso del día de la amistad creo que fue inventado como un premio consuelo para que los que estén solos no se sientan tan solos y al menos puedan recibir un abrazo de su amiga o amigo secretamente deseada o deseado y escuchar esa frase que te jode que te la diga “¡Feliz día amigo!”

El 14 de Febrero te jode o por lo menos a mi me jodía cuando estaba solo e iba en la combi o bus y miraba por la ventana a parejitas caminando muy enamoradas; yo las miraba con cierta ternura y envidia sana por supuesto y pensaba - ¡Ta mare! Mira esa flacaza con ese feo de mierda, ¡qué carajos le habrá visto! – Como si conversara con mi otro yo un poco más condescendiente me respondía – Pucha pero está bien pues, eso quiere decir que la flaca lo quiere por su interior, osea la flaca no se guía en las apariencia, ¡esa flaca vale! - una vez más mi lado renegado sentenciaba - ¿Lo quiere por su interior? ¡Jajaja! por el interior de su billetera será.

A pesar de tratar de minimizar la ternura y envidia sana que me embargaba cada vez que veía alguna parejita feliz paseando por las calles, no podía evitar sentirme triste, creo que nostálgico sería la palabra exacta que expresaba lo que sentía – ¡Puta mare! ¿Diosito por qué yo no tengo esa felicidad? – solía preguntarme

No sé si era mi sino, pero tanto que anhelaba pasar un 14 de Febrero como las parejitas que veía, daba la casualidad que cuando estaba con enamorada, siempre había algo que evitaba que yo pasara ese día como todas las parejas, o mi enamorada estaba de viaje o yo viajaba

La gran mayoría de las veces la pasaba con mis amigos tomando y rajando de las parejitas supuestamente ridículas con sus rositas en la mano

Recuerdo una vez, saliendo de un curso en la noche, un amigo y yo nos dirigíamos por el centro de Arequipa a encontrarnos con otros amigos para “festejar ese día”; en el trayecto veíamos que todo el mundo estaba emparejado, agarraditos de la mano, abrazados o con sus típicas rosas; no entiendo por qué se regalan rosas si sabes que vas a pasear con tu enamorada, creo que resulta incómodo para la flaca cargar con una rosa en la mano, pinchándose los dedos a cada rato; al final tu terminas cargando esa rosa que no quieres tirarla porque te costó, sin embargo tu enamorada te mira con complicidad como autorizando que te deshagas de ella. Si quieres regalar una rosa, invierte un poco más y envíala a su casa o a su oficina con una tarjetaza, creo que así la disfrutará mucho más, en fin; nos encontrábamos mi amigo y yo caminando por el centro viendo que todo el mundo caminaba con sus respectivas parejas; daba la sensación de que nosotros éramos los únicos extraños en ese puto día y que estábamos fuera de contexto tanto así que llegamos a comentar - Oe, creo que estamos desentonando acá onPuta mare sí – respondía – mejor agarrémonos de la mano para no desentonar –Bromeábamos

Un 14 de Febrero me enteré que la flaca de la cual estaba yo perdidamente enamorado estaba saliendo con alguien.
Un día antes, luego de una tenaz búsqueda del mejor peluche, había pagado para que lo envíen a su oficina; en la noche previa al 14 de Febrero había ido, como casi todos los días, a recogerla; como casi todos los días, nos fuimos a su casa a conversar y ver pelis o videos musicales hasta las 11 o 12 de la noche; como todos los días, ella había subido a quitarse la ropa de trabajo y ponerse algo más cómodo; como casi siempre, me había dicho que saque de su cartera el nuevo video que habíamos comprado y que lo vaya poniendo al DVD; como nunca, al momento de sacar el video me llamó la atención un papelito doblado; yo conocía ese tipo de papelito, yo conocía ese color, esos bordes ¡Era una factura!; la desdoblé y descubrí que ese día ella había comprado una billetera, de la marca y modelo que yo le había comentado que me gustaba; por un momento me emocioné, sentí que bajaba, doblé inmediatamente ese papelucho, lo dejé como lo había encontrado; el corazón me latía a mil por hora; vimos el video, ya era hora de irme, al momento de despedirme le dije – ¿Y mañana a dónde vamos? – A lo que ella me respondió – No, mañana no voy a poder salir contigo, saldré tarde del trabajo y no quiero que me esperes demasiado – continuó con una sonrisa - ¿mejor lo dejamos para pasado mañana si?
Me marché de su casa pensando y preguntándome – ¿Esa billetera será para mí?, ¿Por qué no quiso que mañana la espere si otras veces también salía tarde de su trabajo y me llamaba para que fuera a recogerla?
El mismo 14 de Febrero, recibí un mensaje de texto, “gracias por el regalito pero mmm…”, ¡Diablos! No le gustó – deduje. Yo Seguía con la duda; a la hora de salida de su trabajo fui y me paré en una esquina donde podía ver la puerta de salida sin ser visto; la vi, salió de su trabajo, miró para ambos lados como esperando a alguien, en eso llegó un pata, la abrazó y le dio un beso; me sentí el imbécil más grande del planeta y a la vez me preguntaba - ¿Cómo carajos había conocido a ese tipo si yo paraba casi todo el tiempo con ella? , ¿En qué momento él se había mandado si yo paraba casi todo el tiempo con ella?, ¿Cuándo salían si yo salía casi todos los días con ella?; estaba completamente destrozado, mis ojos se llenaban de lágrimas; supongo que serían lágrimas de amargura, de reproche a mi mismo por ser tan huevón; finalmente mi lado renegado una vez más sentenciaba: ¡Ta mare! con ese feo de mierda y todavía con esa pinta de lornaza ¡qué carajos le habrá visto!

Un 14 de Febrero pedí permiso de mi trabajo para viajar a donde trabajaba mi enamorada; se supone que iba a llegar de sorpresa, fui a su trabajo, no estaba, pregunté por ella; vi miradas entré dudosas y cómplices, “salió de comisión, ya debe estar por llegar” me decían; esperé todo el día, para variar, sentado en la plaza mirando pasear a las parejitas de enamorados con sus eternas rosas; finalmente a eso de las 6 de la tarde llegó, vi que bajaba de la camioneta de la empresa sonriendo; por el lado del chofer bajaba el jefe de la empresa también sonriendo, se veía que conversaban de lo más amigablemente como dos enamorados más en esa plaza repleta de parejas sonrientes. Me acerqué, ella me vio, su sonrisa se transformó en algo parecido a una mueca de susto - Hola, ¿sorprendida? – Saludé – Amor, hola, ¿Por qué no me dijiste que venías? - respondió – Quería darte una sorpresa, pero veo que el sorprendido fui yo – dije – Ay amor por qué dices eso, espérame que ya salgo
Nos fuimos a su departamento, me preguntó si me iba a quedar toda la noche con ella, le dije que no, que sólo había pedido permiso por ese día y que me iba a las 11 de la noche; no noté ninguna pena en ella al decirle eso; me comentó que sus compañeros del trabajo habían quedado en ir a una discoteca y si yo me quedaba, ella ya no iría porque prefería quedarse conmigo, por dentro yo pensaba “Sí, sí cojuda, harto que piensas así”
Esa noche tuve el polvo más salvaje de toda mi vida; me fui y nunca más la volví a llamar.

Un 14 de Febrero, luego de tanto insistir, pude convencer a una amiga para salir esa noche; nos fuimos a una discoteca, ¡no podía creer que hasta en la discoteca había parejitas con sus rosas!; ella la estaba pasando genial, yo sólo quería que sea hora de irnos para llevarla al hotel, mi lascivia se hacía cada vez más evidente cuando salíamos a bailar o cuando me la arrimaba en la esquina donde estábamos; finalmente llegaron a mis oídos las palabras que tanto estaba esperando - ¿Vamos a otro lugar más tranquilo? – ¡Bingo!; luego de caminar casi 5 cuadras preguntando entre hotel y hotel si habían cuartos disponibles finalmente encontramos uno con suficientes habitaciones para las 5 o 6 parejitas que estaban tras nosotros como en una procesión. Ni bien entramos a la habitación del hotel, nos enredamos en un profundo beso, comencé a quitarle la ropa – Apaga la luz – me susurró al oído; no entiendo por qué las mujeres o la gran mayoría hacen ese pedido, ¿les viene un arrebato de modosidad?, ¿tienen la ropa interior sucia? nunca entenderé esa típica petición que hacen las mujeres casi a tono de súplica; en fin, seguíamos con el beso apasionado tirados en la cama cuando una exclamación de ahogo interrumpió nuestra ardiente batalla sexual – ¿qué te pasa? – Preguntaba – ¡Mi cartera, mi cartera! – recuerdo que repetía con voz ahogada; yo desesperado me puse a buscar la cartera con la luz apagada, no veía nada; en la desesperación no se me ocurría prender la luz; busqué al tacto, la encontré, se la alcancé y ella presurosa sacó un inhalador, se lo puso en la boca y comenzó a respirar profundamente; al ver que no se le pasaba, me pidió que la llevara al hospital; no sé como la ayudé a vestirse, no recuerdo cómo me vestí, llegamos a emergencias de una clínica cercana a donde estábamos y la internaron para observación; le había venido una crisis de asma severa o asfixiante, no recuerdo exactamente la palabra médica que me dijeron.




Aún tengo en mi mente situaciones que me hacen recordar con cierta nostalgia esos 14 de Febrero en las que yo intentaba pasar con enamorada y que el destino se ocupaba de truncarlos, aún veo con cierta envidia a esas parejitas acarameladas paseando por las calles y pese a que pasan los años, continúan caminando con sus rosas en las manos

miércoles, 26 de enero de 2011

Siempre loser

Hace unos días un amigo, luego de leer mis posts, me dijo: “Oe, osea que eras un gil desde siempre; también eras un quedadazo de chibolo seguro”…

Hice memoria y sí pues, también en mi época de infancia fui un timidón y quedado con las niñas; trataré de hacer un recuento de la historia de mi infancia, mi adolescencia, incluso de mi juventud y mis incursiones o situaciones, digamos huidizas, tardías, quedadas y frustradas con las niñas y no tan niñas.


Era aproximadamente 1982, yo tendría 7 años; era el matrimonio de mi tía, hermana de mi mamá, recuerdo que 2 amiguitas y yo éramos los que llevaban la cola y los aros de la novia; estaba con mi ternito blanco y corbata michi roja; Maricielo y Maciel traían puestos sus respectivos vestiditos blancos, las dos con los hombros descubiertos y sus guantecitos blancos; muy lindas las dos (ahora sé por qué tengo cierto fetiche con las mujeres con los hombros descubiertos); mis manos sudaban copiosamente estando en el medio de esas dos niñas que me miraban y me sonreían como diciéndome “qué bonito que estemos aquí”; yo las miraba, sonreía, luego miraba a mi mamá implorando en mi mente: “¡No quiero estar aquiiii!”

Recuerdo que en el transcurso de la recepción de la boda no había ido ningún amiguito con quién jugar, ¿no los tendría? , yo sólo quería estar con mi mamá, pero ella quería estar con sus amigas, yo no sabía qué hacer; recuerdo que me senté en una silla y comencé a jugar alrededor de ésta; también me servía de escondite y fortín contra Maricielo y Maciel que venían continuamente para jalarme a bailar o invitarme alguna que otra golosina; literalmente me jalaban, yo me agarraba con la otra mano de la silla y me resistía a salir; ellas me jalaban aun más, luego se cansaban y se iban, o algo peor, iban donde mi mamá para decirle que yo no quería bailar con ellas; mi mamá venía sonriendo, muy linda ella, se acercaba más a mi oído y me decía primero de una manera muy cariñosa: “hijo, ¿por qué no bailas con las niñitas?, están bonitas”; yo me encogía de hombros y mi mamá continuaba, esta vez un poquito menos cariñosa: ¡Sal a Bailar, carajo!


Durante vacaciones de verano solía llegar una amiguita de Lima, Nadia, yo tendría 10 años, ella 9; tanto mi familia como su familia nos molestaban: “uuuuyyyy!!! Nadia y Elberth son enamoraaaadooosss”, era más rochoso cuando nos encontraban jugando; Nadia sonreía con timidez y se alejaba de mí, igual yo; yo llegaba más al extremo, corría a mi casa, a quejarme con mi mamá, llorando: “mamá, la kati me está molestandoooo” , Katia, mi hermana, junto con las primas de Nadia acostumbraban hacer de todo para molestarnos. En verdad a mí me gustaba Nadia, sólo que me jodía el hecho de que nos molestaran, eso hacía que ya no me acercara tanto a ella; una noche, Nadia estaba conversando con mi hermana y sus primas, charla de niñas, le hablaron tan bonito a Nadia que la animaron, convencieron mejor dicho, a confesar; “Nadia, ya pue, dinos si te gusta Elberth, no le vamos a decir a nadie” y Nadia muy inocente y linda como era, cayó: “sí, me gusta Elberth”; para qué dijo eso, al día siguiente todos, en ambas casas incluido los vecinos, sabían de la confesión de Nadia. Se reían y molestaban, esta vez acompañadas de carcajadas tratando de imitar la frase con la ternura que Nadia lo había dicho. Gracias a esa confesión y las burlas de todos; Nadia nunca más quiso encontrase conmigo y yo trataba de evitarla también, y así lo hicimos hasta finalizar las vacaciones. Nadia ya no volvió más.


Estaba en primer año de secundaria, Maricielo - sí, una de las niñitas de vestidito blanco – estaba en otro salón, en los recreos, mis amigos y yo solíamos jugar, hacer robots en papel y jugar con ellos; recuerdo que nuestro primer robot que pudimos hacer era Lider 1 de los Gobots, - Los Gobots eran unos dibujos animados antecesores a los transformes – hacer a Lider 1 era relativamente fácil porque se transformaba en un mirage; no nos interesaban las niñas, corrección, sí nos interesaban sólo que no teníamos los huevos suficientes para aceptar que nos gustaba tal o cual chica.

Una mañana a Maricielo se le ocurrió darme un beso, en el primer recreo me dijo, ¡Elberth te voy a dar un beso!, sinceramente me asusté, no sabía qué hacer, me pegué como nunca a mis amigos, no quería estar solo por miedo a que cumpla su cometido; mis patas me decían que me escapara; yo les hacía caso; al finalizar el segundo recreo después de evitar por todos los medios a Maricielo y sus amigas, me dirigí triunfalmente hacia el baño, todos estaban en sus salones, no me imaginé que Maricielo y amigas me iban a acorralar en el baño; ¡me asusté, no sabía qué hacer… me jalaron hacia el baño de mujeres!; Maricielo dijo: “ahora no te me vas a escapar”; yo nervioso repliqué - Ya, cierra los ojos y te doy un beso; pero que todas cierren los ojos – apenas cerraron los ojos traté de escapar, no pude. Realmente estaba asustado, mi corazón latía fuertísimo del susto o del nerviosismo, yo creo que fue susto; vi que Maricielo que estaba con su chupetín, lo sacó de la boca, vi sus labios rojos y brillosos por el chupetín; se acercaba más y más, yo estaba paralizado, hasta que sentí sus labios en mis labios, fue un piquito de un segundo, terminó de darme ese “beso” y rió nerviosa y triunfante; yo seguía petrificado, se fueron corriendo; yo seguía petrificado.


Tenía más o menos 11 años, había una vecinita llamada Gisela, simpaticona, pero cargosa. Gisela entraba a mi casa casi todos los días; no me gustaba que entrara a mi cuarto porque interrumpía la hora de ver mi programa favorito, los thundercats.

Gisela tenía 9 años; paraba tras de mí, me miraba fijamente todo el tiempo que estaba en la casa; casi no me hablaba, sólo me miraba; se paraba frente al televisor para que yo la mirara; yo la empujaba, ella se caía y se levantaba como impulsada por un resorte para volverse a parar de nuevo y seguir mirándome; mi mamá, con su ternura de siempre, me decía. “¡Carajo! ¡Juega con la Giselita, tan bonita la chica!”

No recuerdo exactamente cómo dejamos de vernos, solo sé que nos volvimos a encontrar cuando yo tenía 25 años y esa Gisela cargosa se había convertido en un hembrón; aún tenía sus cabellos ensortijados y esa mirada fija; sólo que esta vez, era yo quien quería entrar a su cuarto y ahora era yo, quien me decía “¡Carajo! Por qué no la invitas a salir, tan bonita la chica!”.


Una vez mi mamá y mis tías quisieron ir al sauna. Habían inaugurado un sauna a dos cuadras de mi casa; escuché sauna, se me vino a la mente: “¡mujeres desnudas! ¡Yeeee!”, ¡yo quiero ir, yo quiero ir! Pedí entusiasmado - pero hijo, es sólo para mujeres, tu ya estás grandecito – decía mi mamá; tenía 12 años. A tanta insistencia, me llevó; estaba feliz de que iba a ver a un montón de mujeres desnudas y que mis amigos se iban a morir de la envidia; ¡iba a ser el héroe!; mi mamá rogó a la señorita de la puerta para que me dejara entrar, “señorita, no sea malita, estamos aquí de vacaciones, y no tenemos con quién dejar a mi hijo, por favor déjelo entrar, mira que todavía es niño, no tiene malicia”.

Yo estaba en el umbral de la puerta de ingreso hacia el lugar onírico que me imaginaba iba a ser; di el primer paso, ¡estaba adentro!; no veía mucho, había vapor por todos lados, tratando de buscar mujeres disimuladamente vi una silueta acercándose “¡Sí!, ¡sí! ahí viene una mujer desnuda” pensé entusiasmado y definitivamente excitado esperando que se acerque más y más; cuando de pronto se apareció la esperada silueta; ¡era una señora de unos 50 años!, no tenía nada de atractivo, ¡nada!, luego, mientras seguía adentrándome hacia las demás salas, se fueron apareciendo más y más mujeres, ¡todas eran viejas!, algunas con ropa de baño y otras completamente desnudas; no había una sola mujer joven, ¡eran viejas arrugadas y canosas!; no soportaba estar más tiempo en medio de esas siluetas informes (ahora sé por qué no me gustan las viejas), mami, me quiero ir a la casa, hay mucho vapor - mentí - pero hijo, apenas hemos entrado - reclamó mi mamá - Ya pues, la casa está cerquita, me voy solo – convencí a mi madre; me fui completamente decepcionado esperando nunca más ver una vieja calata.


Estaba estudiando inglés, faltaban pocos días para rendir el último examen oral del módulo básico 3, no había hecho amigos aún en el centro de idiomas, sólo los “holas” de siempre. Era mediados del 2000, habían muchas chicas bonitas, entre ellas una aún escolar, quinto de secundaria, Angélica, notaba que me miraba de un modo extraño, su saludo siempre era, digamos, especial, creí que era porque pensaba: “qué hace este viejo recién en básico 3” , yo tenía 25 años y sí pues, era muy viejo para estar, recién, en inglés básico.

Para el examen final a la profe se le había ocurrido que en grupos de dos se cree un diálogo y debíamos de memorizar ese diálogo en inglés y “actuarlo” en clase. Odio cuando estás estudiando algo y a los profesores se les ocurre hacer grupos para hacer un trabajo o exponer algo: “A ver alumnos, hagan grupos de dos”, es el peor momento cuando no se conoce a nadie, todo el mundo que ya tiene algún conocido comienzan a hacer grupos, y los más rezagados, por decirlo menos, nos quedamos mirando el cuaderno, fingiendo desinterés. ¿Por qué carajos los profes no pueden decir: a ver alumnos, harán grupos de acuerdo al orden de la lista? así nos ahorraríamos ese ritual cojudo de buscar un partner para hacer algún trabajo o rendir algún examen oral; en fin, vi que Angélica aun no tenía grupo, estaba como esperando algo o a alguien; dudé en acercarme para decirle que hagamos grupo – tal vez está esperando a algún pata – pensé; cuando me animé a acercarme ya había hecho grupo con otra chica. Como yo me había quedado sin grupo, entre otras 3 personas, a la profe (¿o debo decir miss?) no le quedó otra que asignarnos un compañero para hacer el diálogo; me tocó una compañera, para mi mal, era de esas que por más que estudiaban, la pronunciación en inglés le salía de lo más risible; cada intervención de ella en clase era un murmullo de risas solapadas, incluso la profe reía cuando se volteaba. Tuvimos que quedarnos después de clase para hacer el bendito diálogo, reunirnos en su casa al siguiente día y finalmente, luego de aprendernos ese diálogo cojudo quedar en ir temprano a clase para practicar y finalmente dar ese examen.

Llegó el día del examen, mi compañera nunca llegó; estaba preocupado - ¿Qué demonios iba a hacer sin mi compañera? – pensaba; finalmente me tocó el turno de salir, le había dicho a la profe que mi compañera no había venido – trae tu diálogo – dijo parcamente; por un momento me ilusioné en que sólo iba a leer el diálogo y de acuerdo a eso me iba a poner la nota final, me equivoqué, ella leyó la parte que le tocaba a mi compañera y yo como cojudo respondía mi parte, actuando solo frente a toda la clase.

Al terminar el último grupo, la profe nos dictó nuestras notas y salimos de clase despidiéndonos; fue cuando, en la puerta del salón, me topé (¿o me esperó?) con Angélica

- Hola Elberth, que mal que no haya venido tu compañera ¿no?

- ¡Hey!, hola, esteee, sí pues, pero caballeros, pasé roche – respondí tímidamente

- ¿Y por qué hiciste grupo con ella, es tu amiga? – me sorprendió con la pregunta

- No, lo que pasa es que la profe nos asignó un compañero a los que no teníamos grupo

- Ahh, eso te pasa por hacer grupo con la chica equivocada pues, yo estaba esperando que me dijeras para hacer grupo…

Aún tengo esas palabras en la mente, jamás me hubiera imaginado que me dijera tal cosa, luego de decirme esas palabras que aún merodean mi mente, me quedé totalmente mudo, creo que pasaron como 4 segundos interminables antes de sentir que se despedía de mi con un beso en la mejilla y se iba corriendo con su uniforme escolar…


Haciendo memoria, definitivamente, fui un timidón cojonudo que por más que tenía las oportunidades prácticamente servidas, nunca me daba cuenta o si me daba cuenta decía: “No Elberth, te ha parecido, no vayas a pasar roche mandándote”, era como que veía un tren pasando frente a mí, a paso lento invitándome a subir; yo miraba el tren, pensando, ¡bah!, aun faltan muchos vagones para animarme a subir, esperaré a que pase un poco más; y cuando me animaba a subir, el tren ya estaba demasiado lejos como para poder alcanzarlo. Y las respuestas que casi siempre obtuve cuando me “animaba a subir el tren” eran: “Ay Elberth, por qué no me dijiste antes…”