Hace unos días me encontré con uno de mis primeros amores de adolescente; corrección: hace unos días vi que pasaba frente a mí, sin darse cuenta de mi existencia, uno de mis primeros amores de adolescente; se llamaba Gabriela, que lindo nombre: Gaby. La vi paseando con su mamá y su hijita, tendría aproximadamente 10 años la niña. La señora Gabriela, que también así se llamaba la mamá, estaba igualita a cuando la conocí; a Gaby en cambio la vi algo cambiada en su aspecto… ¡Bah! La vi vieja… pero igual de bonita. En realidad a la primera persona que vi y reconocí fue a su mamá que agarraba de la mano a la niñita, entonces se me vino inmediatamente a la cabeza que Gaby podía estar ahí también, con ellas; fue así que la reconocí; ella no me vio, o si lo hizo no creo que me haya reconocido, o si me reconoció supongo que se hizo la que no me vio, o algo peor, ¡Ni se acuerda de mí!; no lo sabré.
…
Recuerdo que la conocimos cuando mis amigos y yo estábamos en cuarto año de secundaria y ella cursaba el tercer año en otra ciudad, no recuerdo exactamente quién nos la presentó. Eran vacaciones de medio año, al principio parecía media sobrada (“creída” como solíamos decir), sin embargo, poco a poco, salía a pasear a la plaza y pasábamos la tarde conversando, jugando y riendo. Desde la primera vez que la vi me gustó, era muy linda, recuerdo su pelo lacio ligeramente corto, sus pecas; ella era todo un conjunto que hacia mi corazón latir. Yo esperaba ansioso todas las vacaciones para que llegara. Al siguiente año de conocerla organizábamos fiestas o en casa de un amigo, o su prima organizaba fiestas en la casa de sus abuelos, donde ellas llegaban en vacaciones; recuerdo en especial una fiesta; estábamos mis amigos y yo en una esquina de la sala sentados tomando y bailando; en realidad mis amigos estaban bailando, yo no suelo bailar; yo sólo esperaba el momento preciso para “accidentalmente” toparme con ella y sacarla a bailar. Siempre me avergonzó caminar hacia el sitio donde está la chica a la que quiero sacar a bailar, pararme y decirle para bailar; me imaginaba que al ir, al momento que comenzaba a estirar la mano para pedir que baile conmigo, la chica se volteara o coincidentemente alguien me adelantara y la sacaba primero y yo me quedaba parado totalmente arrochado; a fin de evitar esas incómodas situaciones, no me atrevía a sacar a bailar a una chica sino era “accidentalmente”. Fue en esa fiesta cuando descubrí que uno de mis mejores amigos, Beto, miraba a Gaby literalmente con ojos de cordero degollado, cordero degollado triste todavía; pucha, desbarató mis planes de enamorarla; daba pena mirar a mi pataza cómo la miraba, y para colmo era más negado al baile que yo; comencé a molestarlo
- Uyuyuy!!!! Tas templao de la Gaby, jajaja, mándate pes – por dentro me jodia que alguien más se hubiera fijado en Gaby
- Oe, no jodas pe, no hagas roche, además todos están tras de ella y parece que el Goyo se la está afanando – El Goyo era el tipo de patas mandados, de esos que son bailarines, con gel en el cabello, la camisa bien metida al pantalón, el pantalón con la correa bien ajustada y uno de los más pintones del colegio
- A ese me lo paso por los huevos, es un maricón – dije un tanto celoso – parece que las flacas se mueren por él, pero sólo le sonríen por pena, habla huevadas, hace bromas cojudas on, así que no jodas, mándate nomas - sentencié
- Ese huevón fijo que se la agarra Elberth
- Carajo, yo te digo que a la flaca no le interesa, me lo dijo la Malú, ella también me contó de ese huevón – dije totalmente seguro, porque al principio yo también me sentí derrotado cuando vi que casi toda la noche él estaba al lado de ella
- Oe ¿y a ti no te gusta?
- Es bien bonita, pero yo estoy tras la Zary pes; además no pongo mi cara de cojudo cuando la veo pe
- ¿Y si me chotea? - Me dijo poniendo su cara aún más cojudona, como si quisiera llorar
- Intenta pe chohera, si te chotea caballeros pes, pero con el Goyo no pasa nada, eso sí ah
Beto era uno de los 5 patas de mi mancha, pintón pero recontra tímido, nunca lo había visto tan enamorado. Esa noche me propuse hacerle el bajo con ella; pero primero tenía que sacarla a bailar para yo sentirme realizado antes de sacarla de mi corazón; le pedí a un amigo que hacía las veces de DJ que pusiera una balada; luego del pegajoso You got it de los New Kids puso el temón de Phil Collins “I wish It would rain down”; como si el destino lo hubiese querido así, llevé la jarra de trago a mi pata que ponía la música, al finalizar el You got it volteé para dirigirme decidido como nunca a sacarla a bailar, pero al dar la vuelta me topé con Gaby, no provoqué el “accidente” simplemente se dio; nos miramos, me sonrió, le dije nervioso: ¿bailas?, me tomó de la mano, me llevó al centro de la sala, puso sus manos en mis hombros y yo a la cintura, comenzamos a bailar…
- Esta balada es bien paja, dije
- Sí, a mí también me gusta, respondió – Qué milagro que estés bailando, continuó
- Jeje, naa, sólo que esta canción es pajisima y como vi que no estabas bailando, ya pues
- Jaja, mentiroso – rió mostrando esos dientes tan perfectos.
¿Dije que sus dientes eran perfectos? Pues sí, eran perfectos
- En serio, todo el rato estabas bien acompaña, por eso no me atrevía a molestarte
- ¿Quién, el Goyo? Jaja, nada que ver – se notaba sinceridad en sus palabras - es bien mandado ese chico ¿no?, no me gusta, además se cree la última chupada de mango, puntualizó
- Ah, bueno, pensé pues – estaba que brincaba de alegría al confirmar eso
- No pienses pues Elberth – al decirme eso acercó su rostro a mi rostro
- Qué pena que mañana te vayas, dije – por qué no te quedas una semana más
- Mis papás ya quieren que vaya, dicen que ya estuve bastante tiempo aquí
- ¿Pero regresarás para vacaciones de medio año no?
- Claro, acá la paso bien con ustedes, me divierto mucho, tu eres la muerte Elberth
- Entonces esperaremos con ansias las vacaciones de medio año
Por un momento me olvidé de la promesa de amigo que me hice, el resto de esa noche sólo éramos ella y yo, no existía nadie más, parecía que las luces se hubiesen apagado y sólo un haz de luz nos iluminaba… me equivoqué, había otro haz de luz que iluminaba a otra persona, ¡Ese haz de luz iluminaba a mi pata Beto! - ¡Mierda! – Pensé – el Beto me está mirando asado… ¡puta mare!...
Terminamos de bailar, ya casi estaba terminando la fiesta, el abuelo ya había hecho su aparición en el umbral de la puerta de su cuarto envuelto en su abrigo largo y siempre con su sombrero; esa era la señal de que todos teníamos que, literalmente, fugar.
- Oe Beto, le estuve hablando de ti on – tuve que decirle al salir de la fiesta
- Sí, sí cojudo – respondió Beto completamente molesto y aparentemente sin ganas de continuar esa conversación
- Bueno, dice que eres muy tímido – finalicé la conversa, no estaba mintiendo, cuando vi que habían unos ojos saltones mirándome y que malogró mi “haz de luz”, comenté con Gaby sobre lo callado que era Beto - Sí, ¿es bien tímido no? –contestó
…
Llegaron por fin las vacaciones de medio año; como todas las vacaciones nos reuníamos mi grupo de amigos y yo en la plaza de armas donde paraban los carros que llegaban de todas las ciudades y pueblos aledaños para ver quiénes llegaban o quiénes se iban, era nuestro pasatiempo. Una de esas tardes vimos llegar a Gaby; para variar, Beto puso nuevamente su cara de cordero degollado, las saludamos temerosos porque a dos pasos más allá estaba su abuelo esperando.
La semana se pasó volando, el Lunes de la segunda semana de vacaciones organizamos un paseo a San Bartolomé donde había una fiesta patronal, quedaba a 10 minutos y todos iban para esa fiesta
- Vamos – le dije – todos vamos a ir, ya está preparado el fiambre, ya tenemos separado el carro, anímate – todos estábamos listos para partir, Malú me pidió para que anime a Gaby – “Anda tú Elberth, a ti te va a hacer caso”
- No puedo Elberth, hoy tengo que viajar – contestó apenada - pero ya están todas las demás chicas, seguro se van a divertir mucho
- Pero tú eres parte de la mancha pues, no va a ser lo mismo sin ti
- ¡Ya sale! – llamaba el ayudante de la combi donde, toda la mancha, estaban esperando
- Chau Elberth, cuídate mucho, hasta Diciembre
- Chau Gaby, ¿en serio no te animas?
- Jaja, corre, te están esperando
Nos habíamos instalado en la playa, había bastante gente, el paradero de las combis quedaba en la parte superior del poblado, yo miraba constantemente hacia el paradero como esperando algo, la mañana pasó volando, las chicas del grupo estaban comenzando a servir el fiambre que habían preparado; en eso, como si se tratase de un espejismo, vi a lo lejos una silueta, ¡Mi corazón comenzó a latir con fuerza!, ¿sería ella? – “No, no creo, ya debe de haber viajado” – pensé desanimado; la silueta se acercaba más, ya podía distinguir el color rosado claro de su blusa (lo recuerdo claramente). ¡Era Gaby! ¡Había venido!
Para qué describir lo feliz que estaba; los juegos en el lago se habían vuelto más divertidos, las caminatas al cerro eran más ligeras con ella a mi lado… y supongo que para Beto también, porque al otro lado estaba él – ¡Beto de mierda! – Pensaba – ¡por qué no vas más adelante, anda acompaña a la Malú carajo y no interrumpas acá! – vociferaba en mi cerebro
Beto nunca se movió de su lado, estaba más extrovertido que nunca, yo era el apagado, mi rabia no me dejaba hablar con soltura - ¡Beto conchetuvida! - Pensaba continuamente
Al día siguiente Gaby viajó
…
Llegó el 8 de Diciembre, fiesta patronal de la Inmaculada Concepción, como todas las vacaciones Gaby había vuelto, era mi último año de colegio, ella pasaba a quinto de secundaria, ese día estaba dispuesto a hacer locuras, a chaparme a todas las chicas que me gustaban; estaba dispuesto a embriagarme como nunca a punta de cervezas. Ya eran las 5 de la tarde y no había hecho nada de eso, todos mis amigos sí lo hicieron, yo no, tampoco Beto, ninguno de los dos nos desprendimos de Gaby. En un momento en que quedamos solos Gaby y yo, me dijo fugazmente: “Elberth, quiero conversar contigo”
Yo quedé sorprendido, me puse a pensar en todas las posibles razones por las que querría hablar conmigo – “¿Querrá que le haga el bajo con el Beto? – Pensaba – tal vez quiere que le presente a mi primo, porque la vi hablando muy feliz cuando la sacó a bailar; ¡ta mare! puede ser – seguía torturándome en mis dudas
Ya todos mis amigos se habían ido, bien porque estaban recontra ebrios o porque habían encontrado una chica por ahí, hija de algún tío o pariente que había llegado a la fiesta.
El local donde estábamos, poco a poco estaba quedando vacío, mis papás aún estaban en el local al igual que la mamá y tía de Gaby; para suerte mía la mamá de Beto ya se estaba retirando, Beto no tuvo más remedio que irse acompañando a su mamá
Quedamos solos Gaby y yo, no sabía cómo abordar el tema, no sabía cómo preguntarle qué era lo que quería hablar conmigo, tampoco encontraba las palabras exactas para declararme, me había descuadrado todo cuando me dijo que quería hablar conmigo – ¿y si me declaro y me dice que justo quería hablar conmigo porque le gustaba alguien? – eran dudas que asaltaban mi mente; en ese momento Gaby regreso a mi lado - Elberth, mi mamá va a ir con mi tía, quiere que lleve a dormir a Andreita – Andrea era la sobrina de Gaby, una niña de 8 años; salimos de la fiesta, Andreita, como le decíamos de cariño, quiso jugar en la plaza, nos sentamos en una banca. Ni bien nos sentamos Gaby me dijo
- Elberth, no quiero que tomes a mal lo que te voy a decir
- “…” quise decir algo, no me salían las palabras
- ¡Ay! me da vergüenza pero tengo que decírtelo – continuó
- No te preocupes Gaby. Dímelo nomás – dije derrotado, sin ganas de escuchar más nada, buscando en mi mente posibles nombres de la persona que me iba a decir que le gustaba – Está clarísimo – pensaba - le gusta alguien, por eso me dijo que no lo tome a mal; seguro que quiere que le presente o que le haga el bajo, ¡ta mare! ¿quién será?...
- Elberth… ¡Tú me gustas!
Al escuchar esa frase, me quedé helado, frio, no reaccionaba, ¡no podía creerlo! Sólo atiné a decirle
- Gaby, ¿en serio? gracias, tu también siempre me has gustado, sólo que… bueno
- ¿Y por qué no me lo dijiste antes?- me reprochó
- No me atrevía, siempre te veía con Beto y no quería entrometerme, pero estoy feliz y supongo que… ¿puedo darte un beso? – Atiné a decir eso, para que no me pida más explicaciones
- Sí….
La besé, estaba feliz, pasó Goyo, pero como estaba tan ebrio no nos vio, Andrea seguía jugando, el beso duró poco porque Andrea venia a cada rato a sentarse en medio de nosotros, no nos dejaba ni un minuto a solas, la mandábamos a contar estrellas en el reflejo del agua de la pileta, la mandábamos a ver si llovía en la esquina - Andrea hace un par de años atrás, al recordar eso, me confesó que lo había hecho a propósito, sólo por molestarnos - Finalmente, pudimos darnos un segundo beso, luego la tomé de la mano, y caminamos como dos enamorados por la plaza siguiendo los correteos de Andrea, prometiéndonos eterno amor. Estábamos tristes porque al día siguiente, a las 6 de la mañana, ella tenía que viajar, eran las 11 de la noche, planeamos ir a dejarla a Andrea donde su tía para que pueda dormir y así quedarnos sólo los dos durante toda la noche hasta que su mamá saliera de la casa de su tía donde se había ido a continuar la fiesta; sin embargo todo cambió cuando en el camino de regreso, por fin solos, un conocido al que nunca había hablado, sólo nos conocíamos porque tocábamos en grupos diferentes y nos veíamos en los ensayos me abordó, estaba borracho, me agarró del brazo y me comenzó a hablar de música y de que mi grupo era mejor que el suyo y una sarta de estupideces (digo estupideces porque me acordé de ese episodio y estoy que ardo en cólera), Gaby estaba asustada y se puso a un costado esperándome, yo no podía zafarme de ese tipo (¡Qué estúpido que fui!), vi a Gaby por última vez y luego la vi alejándose sola, el tipo seguía sosteniendo mi brazo y expresando sus estupideces de borracho y yo más estúpido aún no lograba desprenderme, finalmente lo mandé al re carajo, hice un movimiento fuerte que logré que soltara mi brazo, corrí tras de Gaby, no la veía por ningún lado, Regresé a la casa donde estaba su mamá, no había ruido, corrí nuevamente a la plaza, no la encontraba, fui a la casa de su abuelo donde ella pasaba las vacaciones, todas las luces estaban apagadas, silbé, ¡no me salía un maldito silbido!, tiré piedritas a la ventana donde quedaba su cuarto, nadie salía, me armé de valor, toqué la puerta con una piedra, nadie salía, volví a tocar más fuerte. Finalmente apareció lo que más temía, el abuelo, su eterno abrigo largo y su sombrero, por detrás de la puerta - ¡Quién es! – Esteee disculpe señor, ¿se encontrará Gabriela?- ¡No! – Pero acaba de llegar, no podría fijarse por favor, es urgente – ¡No!
Me fui derrotado, ya no habían lugares donde buscarla - cómo se ha podido perder tan rápido - pensaba – Mañana tengo que estar a las 6 de la mañana en punto en el paradero
Al día siguiente, estuve a las 6 de la mañana esperando en el paradero, esperé hasta las 9 de la mañana, nunca apareció; nunca más la vi…
Con el tiempo y gracias a Andrea me enteré que esa noche había regresado a la casa de su tía y que partió a las 5 de la mañana junto a su mamá, al siguiente año se iban a radicar a Lima.
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