sábado, 3 de septiembre de 2011

¿Mala suerte?

Cuando niño y joven aún, fui, a parte de un loser total, un tipo con mala suerte al momento de intentar conocer a alguna chica bonita que se presentaba por ahí; nunca fui bueno, ni mandado (como ya se habrán podido dar cuenta); no hallaba argumento alguno para entablar una conversación, y más aún considerando que era un negado para el baile.

Imagínense a mí, dos pies izquierdos y atados todavía, intentando bailar; no sólo dos pies izquierdos, también totalmente tieso con los brazos y hombros; y encima mudo, pucha, ¡aburridazo total!; sin chances de que alguna chica se fije en mí, ni siquiera por mi cualidad para el baile “¡qué bien que baila ese pata!”… nada, ¡ni eso!

En mis animosos intentos por conocer o llamar la atención de algunas chicas, cometí varias torpezas, o simplemente la mala suerte me acompañó como fiel compañera, cual celosa guardiana de mi soledad…

Recuerdo una vez, cuando tenía 10 años aproximadamente, durante el periodo de vacaciones, había una chiquilla de mi edad que iba al parque casi todos los días; mis amigos y yo también solíamos jugar en los columpios, en las barras y en los toboganes; fue en ese bendito tobogán que ocurrió uno de mis peores episodios vergonzosos que recuerde.

Susan era el nombre de la chiquilla, no era nuestra amiga, nunca llegó a serlo. Susan era una chica muy bonita y al parecer ella estaba consciente de eso, era sobrada, ni nos miraba, sólo jugaba con sus primos; nosotros tratábamos de que ella se fije en nosotros, sin resultado alguno; hasta que a alguien se le ocurrió hacer algo que le llamara la atención. Esa idea nos pareció buena; la idea era jugar a las guerras y sortear los “obstáculos” en el menor tiempo posible, cual soldados en una pista de combate; teníamos que saltar la barra de los columpios, correr hacia las barras paralelas y pasarlas, finalmente teníamos que subir a la cima del tobogán más alto que había en el parque y deslizarnos por el tubo de fierro que era soporte del tobogán; parecía fácil, requería destreza pero parecía fácil; así lo hicimos, comenzamos a correr uno a uno por la pista trazada imaginariamente; yo no era tan avezado, así que preferí ser penúltimo; comenzó uno, lo hizo sin problemas, siguió el segundo, se cayó en las barras sobre el lodo; nos matamos de risa; al parecer esa treta para llamar la atención de Susan estaba empezando a dar sus frutos – Mira, la Susan está viéndonos y se está riendo también – comentábamos con alegría; siguió otro, lo hizo sin mayores problemas, se deslizó limpiamente sobre el tubo del soporte del tobogán, parecía un bombero deslizándose por el tubo de emergencias. Susan se había sentado frente a nosotros viendo lo que hacíamos; al ver lo que hizo mi pata, hizo ademán de aplaudir; esa reacción y la manera tan fácil de cómo se deslizó mi pata sobre el tubo del tobogán me animó a adelantarme a mi turno; comencé a correr, pasé un obstáculo sin problemas; ganador yo, levantaba las manos, corrí con más rapidez pese a que mis zapatillas eran grandes; por suerte me había puesto doble media; pasé el segundo obstáculo, el tercero, pasé corriendo al lado de Susan todo ganador y finalmente llegué al tobogán, subí los escalones, me paré en la base de la cima del tobogán, quise mirar a Susan desde lo alto, al girar, me di cuenta que le temía a las alturas, nunca me había parado sobre ese tobogán, las veces que subía era para deslizarme sentado, pero esta vez era diferente, ¡estaba parado sin más apoyo que el borde del tobogán que estaba a la altura de mis pantorrillas! Veía a mis amigos mover las manos como animándome a bajar por el tubo, vi a Susan que estaba mirándome; me agaché temblando, me arrodillé y me metí por entre la baranda para deslizarme por el tubo, me quedé atascado, no podía volver, ni continuar; ¡estaba completamente paralizado! Mis piernas estaban colgando, yo pataleaba desesperadamente, impotente ante mi situación, estaba completamente asustado. Comencé a gritar, mis amigos se reían a carcajadas, yo no podía ni mirar hacia abajo, sólo escuchaba sus carcajadas, luego mi chompa cedió y resbalé un poco más; esta vez estaba con medio cuerpo colgando, continuaba pataleando, por tanto pataleo se me salió una zapatilla, recordé que tenia doble media y la de encima era de futbolista de mi papá, también recordé que las zapatillas con las que fui, me hacían sudar hasta mojar las medias, también recordé que las medias estaban rotas en los talones ¡y también recordé que mis medias estaban sucias, negras!


Con lo poco que podía ver con el cuello, ahora hacia abajo atascado, era que la punta de mi media colgaba como si fuese moco de pavo, y vi que estaba re negra; ¡lloré! Mezcla del terror por la situación en la que estaba y por el roche que estaba pasando con mi media asquerosa; estuve ahí colgando como unos cinco minutos que me parecieron eternos, finalmente vino un señor que subió al tobogán y otro que se paró debajo de mi; uno intentaba que yo me suelte para que el señor de abajo pueda sostenerme; yo seguía llorando a gritos; finalmente pude zafarme de esa mi trampa mortal; me senté en el suelo llorando y buscando mi zapatilla, tratando de ocultar mis medias, mis amigos continuaban carcajeándose, vi que Susan estaba parada junto con todos los curiosos que se habían puesto alrededor mío, riéndose también. Agarré mi zapatilla que me la alcanzó un amigo y me fui corriendo a mi casa; luego de ese episodio, no volví al parque durante el resto de las vacaciones y no quería ver si quiera a Susan. Mis amigos me echaron la culpa de que Susan no sea nuestra amiga.



Era 1992, el matrimonio de mi tío, había llegado una de las sobrinas de la novia desde Bolivia, era muy bonita, cabello negro y largo, unos ojazos, ese acento boliviano que me gustaba; estaba con vestido negro y los hombros descubiertos (que lindos hombros); era una de las pocas chicas bonitas que habían asistido a la boda, un amigo que era su primo, nos la presentó, nosotros éramos cuatro amigos dispuestos a conquistarla, como ella estaba en nuestro grupo no había problemas para conversar, porque la conversa era grupal, yo me encontraba cómodo, la cerveza circulaba, mis amigos y yo nos turnábamos para bailar con Rosario; nadie quería dejarla, todos apostábamos por ser galanes y graciosos; la chica, al parecer se sentía cómoda con nosotros; nadie quería dejarla a solas con alguno de nosotros, era peligroso; así que nadie se movía de su lugar; al menor descuido uno se acomodaba lo más cerca a Rosario, ir al baño era un problema, una vez conseguido el sitio al lado de Rosario, nadie quería moverse; uno mantenía ese lugar “privilegiado” hasta que no podía aguantar más las ganas de mear y obligado tenía que resignarse a dejar su puesto; pasaban las horas, nos mirábamos disimuladamente como retándonos. Cayó uno, no aguantó más otro, quedamos solo mi pata y yo, yo estaba con la vejiga hinchada, tomaba la cerveza con lágrimas en los ojos; me movía disimuladamente para distraer mis ganas imperantes de orinar, parecía que mi amigo, y ahora rival, hacia lo mismo; yo ya no podía más - “si orino unas gotitas en mi pantalón descargaré un poco mis ganas de orinar y así ganaré más tiempo y me declaro a Rosario cuando estemos a solas” – pensé con supuesta astucia; procedí a ejecutar mi idea de ganar más tiempo; no fueron precisamente unas gotitas; para suerte mía, mi pantalón era de lanilla o paño y no se notaba cuando se mojaba, también me di cuenta con agradable sorpresa, que era absorbente; luego de lidiar por el control sobre mi vejiga pude interrumpir el desfogue. Estaba sudando frio; al parecer mi amigo tenía mucho mas aguante que yo, su pantalón que era claro no tenía rastros de estar mojado - ¡maldita sea, este huevón no se quita! – Pensaba; pasó otro tiempo, mi amigo no se movía, y mi vejiga estaba a punto de colapsar; no podía aguantar más –Ta mare, descargaré otro poquito más – pensaba, procedía al desfogue, mi amigo no se movía, yo ya no aguantaba más. De pronto como movido por un resorte, mi amigo se paró rígido, nos miró con ojos suplicantes y corrió hacia el baño – ¡Por fin carajo! – exclamé para mí mismo; me quedé a solas como quería, conversamos un poco más y me dijo para bailar, estaba sonando una balada; yo no quería moverme, comenzó a dolerme la entre pierna derecha y la parte baja del vientre; asentí para bailar, me paré, puse mis manos sobre su cintura - “Elberth, eres genial” – recuerdo con claridad esa expresión, sólo recuerdo eso; no pude más, sentí que ya no podía controlar mi vejiga, las gotitas que pensaba descargar mientras dure la balada, se convirtieron en chorros de orín; mi pantalón ya estaba saturado de tanto orín y comenzó a pasar y mojar las piernas de Rosario; Rosario, que al principio no sintió nada, pegó un grito al sentir que el orín en sus piernas se enfriaba; no tuve tiempo de pedir disculpas, corrí hacia el baño dejando un rastro del liquido amarillo por mi camino hacia el baño…



A fin de llamar la atención de una amiga que me gustaba muchísimo, hacia bromas constantes con ella; al principio parecía que le gustaba que bromeara; al parecer ella también buscaba que yo la moleste; una vez, estaba sentado con unos amigos en una banca, vi que ella se acercaba con sus amigas, era linda, siempre caminaba con sus cuadernos abrazados al pecho, su cadencia al caminar era hermosa; iba a pasar de largo, a lo lejos me sacó la lengua jugando; yo la miré y me hice el desentendido, con un falso disimulo, siguiendo el juego, estiré el pié como si tuviera la intención de ponerle una tranca como venganza por haberme sacado la lengua; calculé mal; no se dio cuenta del “falso y escandaloso disimulo” o yo no retiré mi pié a tiempo; cayó como un costal sobre sus brazos cruzados agarrando sus cuadernos, vi que su hermoso rostro rebotó en el piso, vi sus pies como haciendo palanca en el suelo, ¡vi una palma de una mano acercándose a mi rostro! - ¡Imbécil que no ves lo que haces! – una de sus amigas me dijo eso mientras me daba un bofetadón. Nuestra amistad terminó de porrazo, literalmente hablando, y con ello mis posibilidades de tener algo con ella.



Un grupo de amigos y yo planeamos viajar a Mollendo; nos aprovisionamos bien de lo elemental: 12 botellas de ron, un cartón de cigarros baratos “gold coast” y unos 80 gramos de ganja. – Ehh, vamos a la playa a computar flaquitas – decíamos entusiasmados, nos instalamos en la playa, alquilamos una carpa grande para pasar la noche, mientras procedíamos a consumir nuestros suministros; al día siguiente comenzamos a buscar flacas para entablar conversación, al parecer tanto mis patas como yo éramos negados en el arte del “compute de flacas” – ¡Oe manya, ahí hay una nena buena on! – ¿Dónde? – ¡No pasa nada broder! – ¡Salud! - Era el repetitivo diálogo entre nosotros.


Al atardecer la gente se estaba retirando de la playa, solo quedaba nuestra carpa y un par de familias por ahí; en eso apareció una chica en bikini; en esa entonces, eran pocas las mujeres que se atrevían a usar bikini, la musa, como la llamamos ese día, era bonita y tenia buen cuerpo, no exuberante, era más bien delgado, pero con curvas bien definidas; llevaba puesto un bikini rosado, supongo que se animó a lucir su bikini tarde porque aún había cierto pudor en usar bikinis. Tendría unos 3 años menos que nosotros, estaba acompañada de dos primas, supusimos que eran sus primas – ¡Oe manya loco! - ¡Mierdaaaaa! - ¡La cagaditaaaa! - ¡Puta mare, hay que computarla on! – Fueron las exclamaciones más recurrentes en ese momento. La “musa” paseaba su cuerpito de un lugar a otro, frente a nosotros; entraba y salía del mar, uno de nosotros, el pata más arriesgado, agarró una cámara y se acercó disimuladamente por detrás de ella y le tomó fotos, no de su rostro, sino del cuerpo; lástima que no podíamos ver las fotos inmediatamente porque no habían cámaras digitales (aún conservo esas fotos); nosotros nos dedicamos a observarla mientras hacíamos rotar la botella de ron, mudos, algunos lanzando ideas de cómo acercarnos a ella; alguien botó la pelota cerca de donde ellas se sentaban, nos reímos de la “ocurrencia” de nuestro pata; retamos a uno de nosotros a que vaya a recogerla – ¡jajaja! Hazte machito pe – le decíamos – a ver anda a recoger la pelota, ¡jajaja! – retábamos - ¡Voy pe! – decía uno; se animó a ir, fue corriendo, la chica se paró y le pasó la pelota con un saque de vóley; mi pata regresó triunfante – ¡esta pelota es mía, ella lo ha tocado con sus manos! – Decía en tono triunfante - ¡Trae la pelota! ¡No, dámela a mí! – participábamos en el juego como luchando por un trofeo inalcanzable que era la pelota tocada por la “musa”.

Todos, mientras conversábamos, éramos un ganadores, ninguno nos atrevimos a demostrar lo que con tanto esmero pregonábamos; seguíamos mirando a la flaquita; en eso vimos que la "musa" se estaba acercando a donde estábamos nosotros, vimos su silueta bien dibujada producida por la contraluz del sol en el horizonte; no había duda, se estaba acercando, llegó a donde estábamos, ¡silencio total! – Hola chicos, ¿me prestan su pelota? - ¡Silencio total!, mi pata, que aún estaba abrazado de la pelota, la miró como hipnotizado, estiró las dos manos y le entregó la pelota – Gracias chicos – todos seguíamos mudos; sólo atinamos a seguir pasando el trago; la “musa” y sus primas comenzaron a jugar vóley, continuamos en silencio. Sólo una exclamación nos sacó de nuestro estupor - ¡Qué cabros que somos carajo! - ¡jajaja! - ¡Puta mare! – nadie se atrevió a decir algo, no parábamos de reírnos de nuestra cabronada; comenzamos a fregarnos entre nosotros – Oe, ¿no que eras un galán? – ¡fuiiira de acá! – ¡es que yo pensé que ustedes iban a meterle letra pe! – ¡A mí no me gusta el vóley! - Eran nuestras excusas; pasó un rato, finalmente vino una de las primas a devolvernos la pelota – Gracias – recogieron sus cosas y se fueron, nosotros seguíamos mirando cómo se alejaban aún buscando culpables del por qué no nos habíamos puesto a jugar con ella.

Como para no quejarnos, en la noche continuábamos tomando y fumando; el mar estaba movido, no nos atrevíamos a entrar, en eso escuchamos música, a más volumen que nuestro equipito; a unos 100 metros vimos que había estacionado una camioneta con unas 6 chicas, se reían y bailaban solas, luego se metieron al agua – ¡Están calatas! - Alguien dijo - ¡Nooooo, vamos a ver! - la noche no nos dejaba ver con claridad, algo ayudaba las luces del auto, aparentemente parecían que estabas desnudas -¡Puta mare, sí huevón, Están calatas!, ¡Vamos! - uno comenzó a quitarse la ropa, otro le siguió, finalmente todos estábamos calatos acercándonos por la orilla del mar hacia el grupo de chicas y gritando; El grupo de flacas se dio cuenta de que las estábamos viendo y que estábamos casi corriendo hacia ellas, se callaron, corrieron hacia su carro y se fueron... nosotros estábamos tan embriagados con el trago, la ganja y la idea de verlas y jugar con ellas desnudos que no nos importó que se fueran, nos pusimos a saltar y bañarnos y tomarnos fotos como locos completamente calatos; al día siguiente uno de nosotros dijo - En esas fotos salimos calatos ¿no?, ojalá que se velen casi rgó - para qué – dijo uno – si todos hemos tapado nuestros huasamayos, ¿tú no? Jajaja qué huevón!



¡Aló, Elberth! - Recibí una llamada – Hay una fiesta hoy en la casa de la amiga de Julián – me avisaron por teléfono - ya pe, somos, a qué hora…

En la fiesta habían muchas chicas lindas, la anfitriona, la dueña de la casa era la mejor, no paraba de bailar, yo quería invitarla a bailar; pero mi timidez y mi poca o casi nula cualidad para el baile me impedían; casi al finalizar la fiesta pude animarme a sacarle a bailar; accedió, mientras bailaba pensaba – Ahora qué le digo, qué le digo - no se me ocurría nada; había visto al principio un par de guitarras eléctricas y una batería debajo de las escaleras que daban hacia el segundo piso - ¡Eso! – Pensé – Le preguntaré sobre esos instrumentos

- Esteee… ¿y tú tocas algún instrumento? Vi que tienes unos instrumentos ahí debajo
- Ah, esos, no, yo no –
respondió – Mi papá a veces alquila esos instrumentos, eran de mi tío
- Oye que bien, lo que pasa que yo toco en una banda de rock y siempre nos falta la batería para ensayar
- Sí pues, eso me dicen todos, es carito ¿no?
- Es carazo, bueno, si un día necesitamos, te paso la voz pues
- Ah, normal ah, me avisas para decirle a mi papá

Terminó la canción “la quiero a morir” de DLG y en realidad yo deseaba a morir a esa mujercita, pero sólo pude conversar sobre su batería, no dejaba de mirar su cuerpo, su jean apretado, su rostro; era realmente muy bonita

Terminó la fiesta, mis amigos y yo fuimos los últimos en dejar la casa, nos despedimos y nos fuimos a continuar tomando a otro sitio

Al día siguiente recibí otra llamada

- Aló Elberth, te acuerdas de la chica de la fiesta de anoche, la amiga de Julián
- Sí, ¿qué pasó?, ¿preguntó por mí? –
pregunté entusiasmado
- Sí, preguntó por ti
- ¿En serio? –
Estaba feliz de recibir esa noticia - qué dice on
- Dice que le devuelvas la batería que te robaste
- ¿Quéeee?
- ¡Jajaja! Sí on, dice que tu le robaste la batería y que te va a denunciar a la policía
- ¿Estás jodiéndome no?
– Pregunté algo nervioso
- No Elberth, la flaca llamó llorando a Julián y preguntó por ti, que dice que tú estabas interesado en la batería
- Puta mare; sí pues, yo le pregunté sobre su batería
- ¿Ves huevón?, pero no te preocupes, Julián le dijo que, saliendo de su casa nos fuimos a continuarla hasta las 5 de la mañana
- ¿Osea que no me va a denunciar? –
Pregunté aliviado

Durante casi dos meses fui la comidilla de mis patas – oe Elberth, devuelve la batería pe huevón - solían decirme en cada reunión



Como ven, mi suerte y mi timidez siempre se pelaban por quién se interponía primero, entre yo y mis ganas de conocer chicas

No hay comentarios:

Publicar un comentario