lunes, 14 de marzo de 2011

¿Qué cosas no?

Oye Elberth, va a venir mi amiga, ¡no vayas a hacer de las tuyas ah! – Recuerdo que me advirtió mi prima, avisándome que iba a llegar una amiga suya, para ir juntos, a visitar a la virgen de Copacabana, en Bolivia – Ni que fuera un mandado – le respondí.

Llegó la amiga, fuimos a Copacabana, congeniamos muy bien; conversamos bastante mientras subíamos al cerro “el calvario” donde se encontraba la virgen de Copacabana, en esa época estaba un poco desilusionado digamos (por no decir deprimido) por una ex enamorada; gran parte de la conversa era sobre esa mi situación, ella me escuchaba, me contaba de sus situaciones parecidas y me aconsejaba. Como la subida era muy empinada, me sujetó de la mano y subíamos agarrados de la mano; cada vez que nos deteníamos para descansar, ella me llevaba la mano a su pecho para que sienta como su corazón latía del cansancio, yo me ponía algo nervioso al sentir la redondez de la zona donde albergaba su corazón; llegamos finalmente a la cima; mi prima y algunos amigos ya habían llegado unos 20 minutos antes que nosotros.

Luego de ese episodio, llegamos a entablar una bonita amistad, nos comunicábamos constantemente por el Messenger, flirteando virtualmente, ella estaba en Arequipa, yo en Lima; una vez, recordando cómo nos conocimos, me dijo que ese día cuando nos conocimos en Copacabana ella esperaba que yo le diera un beso, que había hecho de todo para que sucediera eso y yo “más quedado” (literalmente dijo eso) no hice nada; con la complicidad y “seguridad” que me brindaba el Messenger, le dije todo canchero que la próxima que nos viéramos le iba a dar un beso del que no se iba a olvidar, a partir de ese momento, todas las conversas por el Messenger fueron más directas, los flirteos timidones se habían convertido en insinuaciones directas, casi sexuales; seguimos con ese jueguito durante unos meses; finalmente se dio la oportunidad de volvernos a ver, ella llegó por unos días a Lima; quedamos para salir un fin de semana; ninguno de los dos nos animamos a cumplir nuestras promesas de Messenger, bromeábamos al respecto durante la noche, al salir de la discoteca le dije para ir a otro lugar, dudó, me dijo que no, que era muy pronto - ¿muy pronto para qué? – pensaba yo, no insistí, hice parar un taxi y le dije molesto – Entonces sube, te acompaño a tu casa – me miró confundida, no dijo nada, subió al taxi, quiso hablarme en tono cariñoso, le cambié de tema, llegamos a su casa – ya llegamos, cuídate, chau – me despedí – me seguía mirando confundida – chau – dijo con voz apagada; bajó del taxi, no la miré directamente, esperé a que entrara a su casa y me fui. En el taxi pensaba – ¡Ja! a mí con que es muy pronto, seguro por el Messenger me dirá que la traté mal, ¡que se joda! – en realidad estaba molesto conmigo mismo porque no me nació insistir.

A casi diez días de habernos encontrado apareció en el Messenger

- Hola Elberth a los tiempos amiguito
- Hola Sami, sí pues, te perdiste desde ese día
- No me hagas acordar, me trataste bien feo
- Tú pues, puro floro eres, al final te echaste para atrás
- Yoooo? Tú que como siempre eres un quedado
- Que yo???? no me dijiste que era muy pronto??? así no es ah!
- Claro pues y tu quedadazo no insististe
- Plop!, querías que insistiera?, se te notaba recontra incómoda cuando te decía pa ir a ver pelis jeje
- Yo quería que insistieras
- Bueno, queda pendiente para la próxima entonces
- Ok, conste que me debes el beso ah
- Sólo será un beso?
- Jaja lo demás se verá en el momento, no crees?
- Jajaja ok

Fue un feriado largo cuando viajé a Arequipa; eran las 5 de la tarde, tenía planeado salir a tomar unos tragos con mis amigos que no veía hacía tiempo; sonó le celular, era de un número desconocido, normalmente no contesto llamadas de números que no conozco, algo me dijo que contestara

- ¿Álo?
- Hola ingrato, cómo estás, adivina quién soy
- ¡Hey, hey! Hola qué tal, vaya milagro –
respondí, tratando de ganar tiempo para descubrir quién era – si te digo quien eres ya no será sorpresa así que sorpréndeme a ver
- Jajaja, ¿cuándo llegas?, o no piensas cumplir tu palabra
- Jajaja –
la reconocí - para que veas que cumplo mi palabra, hoy mismo nos encontramos, qué te parece - propuse
- ¿Estás acá en Arequipa? – preguntó sorprendida Sami
- Sí Sami, qué te parece si nos encontramos hoy en la noche y cumplimos nuestra promesa - propuse en tono galán
- Ya pues, nos encontramos en la plaza a la 6
- Oki Sami, a las 6 entonces

Me alisté y fui a la plaza de armas de Arequipa, me senté en las graderías del atrio de la catedral; sonó mi celular, era Sami – Hola sobrado estoy al frente, ven pues – La vi, estaba acompañada de una amiga – Ta mare, vino acompañada, presiento que otra vez se va a echar para atrás – pensé.
Me acerqué un poco desganado, la saludé, me presentó a su amiga, se llamaba Rosemary, era una chica de ojos rasgados casi japoneses, 22 años creo, nos fuimos a tomar un café, la pasamos conversando; en realidad conversé más con su amiga que con Sami; Rosemary era una chica con la que se podía conversar, muy linda, tenía un “algo” que hacía que me interesara más en ella; bueno, debo admitir también que tenía el prototipo de uno de mis sueños eróticos, para variar, hasta ahora incumplidos

La conversa fue amena; sin embargo noté cierta incomodidad en Sami, y pienso que era con razón; yo también me hubiera sentido incómodo si salgo con alguna chica y esa chica se pone a conversar más con mi amigo dejándome a un lado a mí.

Pasaron las horas, llegó el momento de irnos, ambas chicas eran vecinas, las acompañé; al momento de bajar del taxi Sami se me acercó disimuladamente y me dijo muy despacio - ¿hoy cumplirás tu palabra no? – yo sólo sonreí; ¡Ni loco le iba a dar un beso delante de su amiga!
Caminamos hacia la casa de Rosemary y nos despedimos; me quedé solo con Sami, pensé que Sami también se despediría de mí; me equivoqué – ¿Vamos a conversar un rato? - Me pidió – púchica, parece que sí habrá chapetex – pensé

Nos fuimos caminando hacia el parque más cercano que estaba en plena avenida a una cuadra de su casa, para mi mala suerte ese parque estaba bien iluminado; ni los árboles más frondosos ofrecían la complicidad que uno esperaba de un parque en horas de la noche para poder sucumbir en ciertas tentaciones que yo pretendía hacer. Nos paramos en una esquina, conversamos un rato, ninguno de los dos estaba realmente atento a lo que conversábamos, sólo era una especia de acto reflejo previo a lo que se venía con inminencia; sólo que yo no hallaba la manera de entrar al tema del beso y seguramente Sami esperaba que yo tomara la iniciativa; se notaba nerviosismo en ella y definitivamente yo también lo estaba, pero no conté que mi nerviosismo se manifestara en un peristaltismo agudo de mis intestinos y comencé una de las mayores agonías que uno pueda tener cuando le viene un ataque súbito de peristaltismo, también denominada churreta, bicicleta, entre otros nombres que se dan para no decir directamente “tengo diarrea”

- Elberth, ¿ahora sí me da darás el beso no? – finalmente preguntó Sami
- Esteee… claro, pero todo con calma, a ver cierra los ojitos

La besé, Sami casi me comió, me sorprendí de lo desesperado de sus besos, ¡me sorprendió también el sonido que emitió mi estómago! – ¡Ta mare! ¡Qué roche!, espero que no lo haya escuchado – pensé – estomaguito aguanta un poco pe, no me vayas a joder – imploré a mi estómago, el ruido se había tornado en una constante

- ¡Elberth, bésame más, así, sigue! – clamaba estremecida Sami
- ¡Estomaguito aguanta por favor! – clamaba estremecido yo

Sami comenzó a mover su mano derecha por mi pecho, bajaba lentamente – no toques mi estómago por favor – rogaba en mi mente; agradecí que no lo hiciera, se salteó mi estómago, bajó directamente a mi bolsillo delantero izquierdo, metió la mano dentro del bolsillo – ¿Qué estará buscando? – pregunté inocentemente mientras sentía que su mano se movía insistente dentro de mi bolsillo.

Los roces de esa extraña búsqueda con mi chopin, nepe o como quiera llamársele, hicieron que, por un momento, mis ganas de ir corriendo al baño se tornaran en placer provocando el crecimiento y la rigidez del susodicho – ¡Que dura! – exclamó con malicia Sami al tocarme por dentro del bolsillo, yo no me quedé a tras – si ella está tocándome yo también haré lo mismo pues – pensé y comencé a quitar los botones de su blusa y meter mi mano por entre la blusa explorando maniáticamente ambas redondeces

- No respondo Sami si sigues así ah – advertí mirando alrededor del parque para cerciorarme que no haya nadie y también para divisar algún hotel cercano
- Pero solo estoy acariciándote – dijo riéndose con más malicia aún
- ¿Vamos a un hotel? – solté la pregunta al aire al tiempo que mi mano izquierda comenzaba a bajar mientras la derecha continuaba acariciando las dos redondeces de Sami
- ¿En serio quieres ir a un hotel?, ¿quieres? ¡Pídemelo! – exclamaba Sami con una voz bastante a tono con la circunstancia
- ¡Te lo pido, te lo ruego, te lo imploro! – respondí con una voz bastante a tono también mientras la seguía besando; pero esa súplica no era exactamente para ella ¡era para mi estómago que había culminado su tregua y reclamaba con mayor furia el tiempo que me había dado!
- ¿En serio quieres? ¡Yo también! ¿Quieres eso? ¿Ah? ¡Dímelo! – continuó con su tono provocador
- ¡Te estoy diciendo que sí! – dije casi gritando, angustiado, pensando más en el baño del hotel - ¡pero no veo ni uno cerca! ¿conoces alguno? – pregunté secamente rompiendo el cristal del deseo en el que estábamos inmersos
- ¡Elberth, qué tienes!, trátame bonito por favor – reclamó Sami y en el acto dejó de tocarme y besarme, mientras se abrochaba la blusa – ya me voy – finalizó molestísima mientras se dirigía hacia su casa

No tuve tiempo de pensar la razón de su súbita molestia, ni ganas de insistir y reconstruir nuestra cabina de cristal de deseo

- Discúlpame Sami – dije mientras la alcanzaba casi a paso ligero, Sami no dijo nada - Por favor camina más rápido - continué implorando mentalmente

Fue la caminata de una cuadra más larga que tuve, mi estómago ya no daba para más, los ruidos producto de los peristaltismos se hacían cada vez más fuertes, imaginaba que los desechos del peristaltismo gritaban con carteles en mano ¡Queremos salir! ¡Queremos salir!
Sami llegó a su casa, me dio un beso en la mejilla y me dijo “Chau”¡Gracias! – pensé aliviado mientras la veía cerrando su puerta; apenas entró me fui corriendo al parque y me ubiqué detrás de un árbol porque ya no había tiempo de llegar a mi casa.

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